Por Elena

No vuelva usted nunca más

Lidia Falcón – No vuelva usted nunca más – Diario16+

Nuestro Mariano José de Larra  se pegaría un tiro nuevamente si resucitara hoy y comprobara el estado de nuestra Administración, ciento noventa años más tarde de que publicara en “El Pobrecito Hablador” su más famoso artículo “Venga usted mañana”. Pero mucho más desilusionado y desesperado que entonces, y no sólo por la monstruosidad de que casi dos siglos más tarde la organización de las instituciones es moderna y corresponde a los enormes avances tecnológicos que hemos alcanzado dos siglos más tarde de las desventuras de nuestro genial escritor,  sino porque hoy los funcionarios de nuestra Administración no contestan “Vuelva usted mañana” sino “No vuelva usted nunca más”.

A los sacrosantos edificios de nuestros Ministerios los simples ciudadanos, que sólo disponemos de un documento nacional de identidad vulgar, ya no podemos entrar en los diferentes espacios y pisos de que disponen los grandes personajes, y su corte de ayudantes, secretarios y funcionarios ocupados de cumplir las normas legales y las órdenes de sus superiores. Mi vano intento de alcanzar los altos niveles de la secretaría del Ministerio de Cultura, hace un par de días, me lo demostró.

Y no es que yo fuera tan ignorante como el amigo francés de Larra, Monsieur Sans-delais, que quería resolver sus asuntos familiares y económicos en Madrid en quince días. Conocedora de la idiosincrasia de nuestra raza mezclas de ibera y árabe y habiendo ejercido la ingrata profesión de abogada durante cincuenta años, en todos los periodos infaustos de nuestra historia: dictadura, Transición y gobiernos democráticos del PSOE y del PP, había intentado anteriormente lograr una entrevista con el Ministro o al menos el Secretario de Estado. Para ello, creí que me había prevenido prudentemente solicitándole a una camarada, funcionaria de un Ayuntamiento, que enviara la petición de entrevista por el correo interno de la Administración. Cosa que rápidamente realizó, como me demuestra el recibo oficial de la solicitud que puntualmente le devolvieron. Pero como de esa petición habían transcurrido tres semanas sin que ninguna respuesta, positiva o negativa, ni aun el acuse de recibo, nos hubiera llegado, decidí presentarme personalmente en el imponente edificio del Ministerio, convencida de que haciéndome visible en carne y hueso y con un traje adecuado a la misión que quería cumplir, tendría acceso al menos a la secretaría del ministro.

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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección