La lucha fratricida de la guerra civil española
La mentira que apoya la derecha
En estos noventa años que nos separan del golpe militar de 1936, los militares, los gobiernos fascistas, la derecha coaligada con ellos, la Iglesia, y los medios de comunicación, soporte fundamental de estas fuerzas, han repetido sin empacho que la Guerra Civil española fue una lucha entre hermanos. Hoy mismo, en un periódico soporte del PSOE y de su poliédrico gobierno, se repite esta consigna, poniendo como prueba de semejante afirmación el conocimiento de su autor de una familia donde un hijo estuvo con los golpistas y el otro con los milicianos republicanos. Y todavía estoy sorprendida porque semejante consigna se repita, después de la recuperación histórica de esa época, que decenas de profesores y escritores, de varios países, especialistas de la historia de España de esa época, nos hayan regalado los mejores estudios sobre la guerra civil española. Contienda que más autores de diversas nacionalidades han analizado en este casi un siglo transcurrido.
Mi primera recomendación a estos colaboradores y opinadores de pacotilla, es que lean un poco más, puesto que la vida no les dio ocasión de observar en tiempo real los sucesos de aquella época. Que la guerra civil española es el ejemplo perfecto de lo que el marxismo define como lucha de clases, lo demuestra, para comenzar, la Constitución de la II República española, aprobada por mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, que reproducía los objetivos del Frente Popular, que había salido ganador en las elecciones municipales del 12 de abril, también por una abrumadora mayoría. El opinador de hoy debía leerla antes de atreverse a escribir un burdo artículo como el suyo, en el que reduce la ofensiva del gran capital nacional e internacional (que no olvide otra vez la participación de los ejércitos alemán e italiano en apoyo de los fascistas españoles) contra las clases trabajadoras de nuestro país, a la bobalicona y beata fábula de Caín y Abel.
Los redactores del texto constitucional, que cumplían los objetivos de las fuerzas políticas que componían el Frente Popular, y que se difundieron profusamente en la campaña electoral que precedió a las elecciones municipales de 1931, afirman en su artículo 1º que España es una República democrática de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia.
Así mismo declara que “los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo”.
“La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y las Regiones”.
En su artículo 3º afirma que el Estado español no tiene religión oficial.
El artículo 6º asevera que España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
En su artículo 15 declara que corresponde al Estado español el derecho de expropiación, el régimen minero y bases mínimas sobre montes, agricultura y ganadería, en cuanto afecte a la defensa de la riqueza y a la coordinación de la economía nacional.
En el apartado 11, afirma que así mismo corresponde al Estado el Derecho de expropiación, salvo siempre la facultad del Estado para ejecutar por sí sus obras peculiares.
En el apartado 12, habla de la Socialización de riquezas naturales y empresas económicas, delimitándose por la legislación la propiedad y las facultades del Estado y de las regiones.
En su artículo 25 afirma: “El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios”.
El artículo 26 afirma que “todas las confesiones religiosas serán consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial”.
El Estado , las regiones, las provincias y los municipios no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las iglesias, asociaciones e instituciones religiosas.
Una ley especial regulará la total extinción , en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del clero.
Quedan disueltas aquellas órdenes religiosas que, estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes.
Prohibición de ejercer la industria, el comercio o la enseñanza.
Sumisión a todas las leyes tributarias del país.
Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero.
El artículo 44 declara que “Toda la riqueza del país, sea quien fuere su dueño, está subordinada a los intereses de la economía nacional y afecta al sostenimiento de las cargas públicas».
El Estado podrá intervenir por ley la explotación y coordinación de industrias y empresas cuando así lo exigieran la racionalización de la producción y los intereses de la economía nacional.
La república asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna.
En un documental soviético sobre la guerra civil española, la voz en off iba relatando la naturaleza económica del conflicto promovido por los consorcios internacionales y las grandes fortunas entre las que se encontraban las familias aristocráticas que en 1936 poseían el 50% de las tierras cultivables de España. Las imágenes retrataban la huida de los republicanos hacia la frontera francesa ante el avance de las tropas fascistas, hombres, mujeres y niños de los últimos pueblos y ciudades que habían resistido la embestida militar , campesinos mal vestidos, calzados con alpargatas, mujeres y niños descalzos, con ropas destrozadas, maletas de cartón, hatillos de pañuelos remendados, y el relato en off decía: “Quiénes son los que huyen, los trabajadores, el pueblo famélico y sin recursos. Sus enemigos son los poseedores del capital, de la industria, de los grandes latifundios, que no podían consentir los propósitos de la República”. No ha habido una lucha de clases más determinada y claramente provocada y financiada por la banca y los grandes consorcios internacionales que la guerra civil española.
Juan March, el banquero más potente de la época, tras ser acusado de contrabando y colaboración con la dictadura de Primo de Rivera por la Comisión de Responsabilidades de las Cortes de la República,el 15 de junio de 1932, tras más de un año de investigaciones parlamentarias y bajo la célebre advertencia del ministro de Hacienda Jaime Carner («O la República somete a March, o él someterá a la República»), se procedió a su ingreso en la Cárcel Modelo de Madrid. En mayo de 1933 fue trasladado al reformatorio de Alcalá de Henares. En noviembre de 1933, tras diecisiete meses de reclusión, March consiguió fugarse de la prisión sobornando al director de la prisión y a los oficiales de guardia, escapando con éxito hacia Gibraltar. El capital de la Banca March fue fundamental en la financiación del golpe militar y del ejército franquista.
Por las conspiraciones que la Iglesia católica mantenía contra la República, y que llegó a declarar la contienda Cruzada contra el marxismo, el cardenal Pedro Segura y Sáenz, primado de España y arzobispo de Toledo, fue detenido por orden del gobierno provisional de la República el 14 de junio de 1931 en Guadalajara, tras haber regresado clandestinamente al país pocos días después de su primer exilio.
No hacen falta más hechos -aunque los hay- para comprender cómo el capital y la Iglesia fueron el sostén económico e ideológico del golpe de Estado militar y del ejército franquista contra la República, así cómo tuvo el apoyo decisivo de los estados fascistas de Europa, Alemania e Italia, ante la inhibición culpable y vergonzosa de los gobiernos democráticos del mundo. Y por qué esa República fue defendida heroicamente por el ejército republicano leal a su régimen, y el pueblo español, en los tres años de la masacre que practicó contra él el ejército franquista, sin que en ese plazo de tiempo éste pudiera tomar Madrid, núcleo fundamental de la defensa republicana.
Pero los medios de comunicación, no solo en poder de grandes consorcios económicos privados, sino también aquellos de titularidad pública, bajo un gobierno socialista, siguen defendiendo la tesis de que la guerra civil fue un conflicto familiar, en el que desgraciadamente e enfrentaron hermanos de la misma familia.
Aunque lo he preguntado repetidas veces, cuando he impartido conferencias en instituciones educativas, no he podido saber con concreción cómo los docentes enseñan esa época de España a sus alumnos de todos los grados. Si lo hicieran con el deseo de informar verazmente a las generaciones que han seguido a la republicana, sobre los hechos y los propósitos de esa II República que nos arrebataron tan sangrientamente, seguramente ni el PP, ni por supuesto VOX, reunirían tantos millones de votos como han acumulado en los últimos años.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
