Los avances de la democracia en España
La democracia que tan generosamente nos trajo y asentó el rey Juan Carlos I, ha logrado, tras cincuenta años de esfuerzos de los trabajadores y las mujeres españolas que mantenemos no solo a nuestras familias sino también a las de los dirigentes políticos y gobernantes, e incrementamos cada año la caja del Estado, que los jóvenes de las clases trabajadoras que tienen que estudiar los grados universitarios fuera de su lugar habitual de residencia no encuentren alojamiento que puedan sufragar. El precio de una habitación iguala hoy al de un departamento hace unos años, y conceden muchas menos becas de las que se solicitan y la mayoría no cubre los gastos de alojamiento y comida del estudiante. Por ello, únicamente el 15% de los hijos de obreros estudian en la universidad.
Los profesores de todos los grados han manifestado públicamente su descontento con el sistema educativo. Obligados a dar clase a treinta alumnos a la vez, incluyendo niños con necesidades especiales y emigrantes que desconocen el idioma, en jornadas interminables, y corrigiendo centenares de exámenes en las épocas previstas, se sienten impotentes para cumplir los objetivos que exige su profesión, sin que tal constatación que hacen anualmente, induzca al Ministerio de Educación y a las Consejerías de tal especialidad de las autonomías a aumentar el presupuesto para contratar más profesores, y ah, además tanto profesores como niños se cuecen en las aulas en verano.
Las nuevas normas de la seguridad social permiten que los trabajadores enfermos vayan a trabajar en su horario habitual porque la campaña de la patronal contra el “absentismo” laboral” ha triunfado de la mano de los partidos de derecha, que desearían regresar al siglo XIX cuando la jornada legal alcanzaba las doce y catorce horas diarias, y nada se sabía de la protección de los trabajadores enfermos.
En esta aplicación de las normas de la seguridad social son cómplices necesarios los médicos que rehuyen diagnosticar las bajas laborales, según las instrucciones recibidas por el Ministerio y las patronales.
Los médicos, a su vez, han convocado huelgas impensables en el siglo XX, por tener que hacer guardias de veinticuatro horas continuamente, estar obligados a atender a treinta y más pacientes cada día, a los que pueden dedicar solo unos pocos minutos y la falta de ayudantes y profesionales para ocuparse del número de enfermos que se les adjudica.
Las mujeres siguen padeciendo la brecha salarial que desde hace siglos rebaja sus salarios al 15 y hasta el 30% del de los hombres por la misma categoría profesional. Para disimular el incumplimiento de la ley de igualdad, los empresarios categorizan a las mujeres en escalones inferiores de su actividad, sin que la Inspección de Trabajo, que no sé si sigue existiendo, investigue esa ilegalidad y aplique la sanción correspondiente. La trabajadora no puede arriesgarse a denunciar al patrono porque no permanecería en la empresa ni un minuto más. Y entraría en la lista negra de las empresas que se comunican unas a otras quienes son los trabajadores indeseables.
Situadas las mujeres en su principal obligación: la de reproducir la especie, para lo que no existe sustitución, una parte de su vida laboral la dedican a ello, interrumpiendo su preparación y capacitación profesional, pero esos años imprescindibles en el cuidado y socialización de las crías, no constan como trabajo en su currículum y tampoco son retribuidos. De tal modo, en el momento de su jubilación las mujeres tienen un número importante de años que constan como no productivos y no han cotizado por ello. De tal modo, las pensiones de jubilación de las mujeres llegan a ser hasta el 50% menores que las de los hombres a la misma edad.
Las quejas por el descenso de la natalidad se repiten, especialmente por los partidos de derecha que querrían estabular a las mujeres como a las vacas con la obligación de parir a los trabajadores y las paridoras que necesita el país para aumentar la producción de bienes, impulsar el comercio y otorgar a los empresarios las ganancias que desean. En este objetivo entra también la prohibición del aborto, que nuevamente vuelve a plantearse después de cincuenta años de debates y manifestaciones del Movimiento Feminista.
En este programa de aumentar la demografía no entra retribuir a las mujeres por su labor reproductora. Como es una función biológica con cuya capacidad nacen ni se considera un trabajo, por lo que no se paga, ni adquiere los derechos de éste. Así, la mujer no cobra cantidad alguna por los nueve meses del embarazo, los sufrimientos del parto, la dependencia del amamantamiento y el cuidado del menor hasta que está socializaddo, y por tanto no cotiza para la jubilación. No hay trabajo más gratis, esforzado, sacrificado, doloroso y minusvalorado en todas las escalas laborales.
La vivienda es el problema mayor para la población española desde el final de la Guerra Civil. Ochenta y cinco años después del final de la contienda los jóvenes no pueden dejar la casa paterna hasta los 25 o 30 años como en 1950. En una misma casa, de cualquier tamaño, deben convivir varias generaciones. Los españoles siguen viviendo como cuando terminada la contienda varios millones de personas se encontraron amontonados en la casa paterna o construyéndose una barraca o chabola de cañas, maderos y uralita en los lugares más inhóspitos del campo y de los alrededores de la ciudad. Así, las variaciones climatológicas provocaron miles de muertos cuando las lluvias torrenciales provocaron inundaciones en Andalucía y Cataluña. Y millones de familias siguen habitando cuevas como en la prehistoria, cabañas medievales o alquilan apartamentos donde duermen varias personas en la misma habitación. Y las estadísticas dicen que solo en España tres mil personas viven en la calle.
Menos mal que Juan Carlos I nos liberó de la dictadura, pero yo les digo, que he ejercido cincuenta años como abogada laboralista, que la ley de Contrato de Trabajo de 1944, norma por la que se regían las Magistraturas de Trabajo, no consentía algunas de estas injusticias, excepto, por supuesto, que las mujeres fabricaran y educaran niños gratis, porque para eso están, pero sí nos dieron los famosos por puntos por natalidad que aliviaba con 500 pesetas el nacimiento de un hijo. Era imprescindible premiar la natalidad en un país que contaba un millón de muertos de la guerra civil.
Que no se extrañen y se escandalicen tanto los representantes de la izquierda con el giro que han dado sectores de la sociedad española, especialmente más jóvenes, hacia la aceptación de los partidos fascistas como VOX y Alianza Catalana, a los que cada vez más votan, cuando todo lo que he contado en el artículo ha sido legalizado y aprobado por los partidos que se llaman de izquierda, que nos están gobernando, con unas pequeñas interrupciones, desde 1982, y en el último periplo, desde hace ocho años. Porque cuando la izquierda traiciona a los más necesitados a quienes prometió proteger, no debe extrañarse de que la abandonen a ella.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
