La unidad del feminismo frente a la estrategia de la división

Es recurrente escuchar que el feminismo está fracturado en mil posturas irreconciliables.
Sin embargo, esta afirmación, lejos de ser un diagnóstico objetivo, constituye una falacia interesada. El feminismo, en su esencia, es uno solo: un movimiento político y filosófico que lucha por la liberación de las mujeres del yugo del patriarcado y el capitalismo.
Como ha defendido incansablemente Lidia Falcón, fundadora del feminismo de clase en España, «las mujeres son una clase social y económica, siendo los padres y maridos quienes controlan el cuerpo femenino y se apropian del trabajo productivo y reproductivo de aquellas». Por tanto, cualquier otra corriente que se desvíe de este principio fundamental no es una rama del feminismo, sino un injerto del propio sistema que busca neutralizarlo desde dentro.
Clara Zetkin ya advertía sobre este fenómeno
La gran Clara Zetkin ya advertía sobre este fenómeno a finales del siglo XIX, criticando duramente lo que denominaba el «feminismo burgués», creado por la burguesía y dirigido a mujeres de clases altas que ignoraba por completo las demandas de las obreras y trabajadoras, y que, en esencia, no amenazaba al sistema. Para Zetkin, «la mujer proletaria lucha hombro a hombro con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista», una unidad de clase que la burguesía pretende romper.
Lo que hoy se nos vende como «feminismos» en plural no es más que la estrategia más refinada del patriarcado: crear hijas e hijos ideológicos, figuras y discursos que, vestidos con el lenguaje de la igualdad, siembren la confusión y la desilusión. El objetivo es claro: desdibujar las líneas de la lucha, vaciar de contenido político al movimiento y alejar a las nuevas generaciones de su potencia transformadora.
Lidia Falcón lo expresa con contundencia: «No queremos igualdad con el opresor, queremos abolir la opresión». Se premia y subvenciona a aquellas voces que, bajo la bandera del feminismo, defienden los intereses de las mafias, los proxenetas y las estructuras de poder que comercian con los cuerpos de las mujeres, «no se puede hablar de libertad sexual mientras el cuerpo de la mujer sea mercancía».
Alexandra Kollontai ya denunciaba con indignación
La revolucionaria rusa Alexandra Kollontai, primera mujer en ocupar un cargo de gobierno en la Rusia soviética, ya denunciaba con indignación cómo las mujeres burguesas pretendían apropiarse de «la cuestión femenina», reclamando como novedoso el derecho al trabajo en profesiones liberales, mientras que eran las obreras quienes llevaban años «pudriéndose en las fábricas» y siendo explotadas.
Defendía que es necesaria una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres, forjar una nueva concepción del mundo y, muy especialmente, una nueva relación entre los sexos. Sin estos cambios, que contribuyen a la efectiva emancipación de la mujer, no podrá hablarse realmente de revolución socialista, por mucho que el proletariado haya conquistado el poder político.
El feminismo nunca ha gozado de buena prensa
Esta ofensiva no es nueva. El feminismo nunca ha gozado de buena prensa ni ha sido un camino fácil. Durante siglos, décadas, a las que reclamábamos esta lucha se nos ha tildado de «amargadas» o «insatisfechas», un intento de desacreditar nuestra rebeldía reduciéndola a un problema de carácter personal. El sistema patriarcal, en su sabiduría perversa, ha sabido mutar: hoy ya no solo nos ataca desde fuera, sino que infiltra a políticos, sindicalistas y falsas representantes para que, en nombre de la libertad y los derechos de la mujer, legislen a favor de las mafias y normalicen la explotación.
Como bien señala Lidia Falcón, «la violencia contra las mujeres no es un acto aislado, sino la expresión cotidiana del poder masculino institucionalizado». Y ese poder se ejerce también a través del discurso.
Es imprescindible que hombres y mujeres no olviden su propia historia
A pesar de todo, resistimos. Seguimos en pie, aprendiendo de nuestras ancestras, de aquellas comunistas y luchadoras que imaginaron un mundo más allá del capital y el patriarcado. Lidia Falcón nos recuerda la urgencia de esa memoria: «Es imprescindible que hombres y mujeres no olviden su propia historia, los sacrificios, la heroicidad que supusieron para las generaciones anteriores avanzar hasta donde estamos. Hay que hacer una pedagogía a las generaciones jóvenes para que aprecien a sus antepasadas, que lo merecen, para que aprendan de lo que ellas sufrieron, lucharon y consiguieron y con ese bagaje hacer una estrategia para el futuro».
Ellas nos legaron no solo un análisis, sino un horizonte. Como bien señaló Marx, «los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino», y nosotras somos ese fermento. La mujer nueva que Kollontai vislumbró no es la que se conforma con migajas en este sistema, sino aquella cuya finalidad en la vida no se limita al amor o al hogar, sino que se proyecta hacia «un ideal social, el estudio de la ciencia, una vocación o el trabajo creador», un ideal que solo puede realizarse plenamente en una sociedad sin clases. Lenin, por su parte, nos recuerda por qué nuestra lucha es irrenunciable: «La mujer, a pesar de todas las leyes liberadoras, sigue siendo esclava doméstica, porque es oprimida, asfixiada, brutalizada, humillada por la mezquina economía doméstica, que la ata a la cocina, a sus hijos y consume su fuerza en un trabajo bestialmente improductivo, mezquino, desconcertante, que brutaliza y oprime”.
Sabemos que la confusión es parte de la batalla, pero no cejaremos en el empeño de seguir construyendo, desde la base y sin titulares complacientes, ese mundo de justicia real que ellas soñaron. Porque el feminismo no se negocia: se defiende, y se defiende con la memoria y las armas teóricas de nuestras antepasadas comunistas y de pensadoras como Lidia Falcón, que nos enseñó que «el Partido Feminista de España tiene que ser vanguardia de la reconstrucción de la izquierda porque incluye lo que otros partidos no tienen, el feminismo».
Elena Vélez – Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
