Por PFE

La dictadura del lobby trans

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, donde he tenido el placer de impartir un curso de feminismo, así como participar en mesas redondas y debates con los más veteranos y avezados catedráticos de esa excelente Universidad, desde hace ya años, me ha negado el doctorado honoris causa que solicitó para mí  el catedrático de Derecho Luis Gutiérrez. Porque el lobby trans es ahora enormemente influyente en el ámbito universitario, y según la campaña orquestada por los representantes de la secta mutante trans yo soy “transfóbica”, y al parecer lo que dictaminan los popes de esa doctrina queer hay que aceptarlo como órdenes de gobierno.

En el largo periplo de mi vida he recibido un homenaje del Senado de Puerto rico por mi larga trayectoria de defensa de los derechos humanos y especialmente los de la mujer, los doctorados honoríficos concedidos por las Universidades de St. John University de Nueva York, de Wooster del Estado de Ohio, de Nueva Jersey, de Los Ángeles de EEUU, he impartido conferencias en 30 universidades estadounidenses, en Montreal, en Canadá, en París, en Londres, en Roma, en Estocolmo, en Oslo,  en Tokio, en Venezuela, en Nicaragua, en Cuba, en Lima, en México, en Moscú, en Leningrado, en Bielorrusia, en Budapest, y en Kenia, Uganda, Siria, Egipto, y termino la relación para no hacerla más aburrida, y no cansarme en revisar mis agendas.

Y verdaderamente la declaración bíblica de que “nadie es profeta en su tierra” se cumple puntualmente en mi caso. Ninguno de esos doctorados honoris causa me ha sido concedido en España. El que me otorgó la Universidad Autónoma de Madrid lo ganó mi tesis doctoral “Mujer y Poder Político”. Y cuando la presenté en la Universidad de Barcelona, donde residí 50 años, estudié la carrera de derecho y cumplí pena de prisión por mi actividad antifranquista, me la retiraron sin dejarme defenderla. Y todavía no sé por qué, ya que ni director de tesis ni mis opositores se dignó contármelo. Ni el Ministerio de Cultura ni el de Educación ni ninguno de los Institutos de la Mujer de España me han invitado a dar una conferencia o a publicar un artículo. Tanto es el despego -por no utilizar una palabra más agresiva- que me tienen en la madre patria, que en el último evento a que me invitaron en Madrid para asistir de espectadora de un llamado Documental sobre la ley trans, ni me entrevistaron en la grabación ni me invitaron a hablar en el acto.

Cuento esto gracias a la generosidad de El Común, ya que otros medios escritos hace tiempo que me despidieron cuando el lobby trans lo impuso, y he sido la primera víctima de la persecución de la secta queer que me denunció a la Fiscalía de Odio, y esta abrió proceso, al que -¡que casualidad!- se sumó la Consejería de Igualdad de la Generalitat de Cataluña lo que me obligó  a defenderme durante un año en el proceso, hasta que conseguí el archivo. Y todavía mis malestares no concluyeron, porque un personaje que se hace llamar Diana publicó en redes sociales un mensaje diciendo que “aquella que todos sabemos que se dedica a perseguir a los trans lo que le deseo este año es una pistola y una bala”. Y como como mi abogada insistió en perseguirlo hasta que la fiscalía inició querella por amenazas de muerte, se celebró juicio que concluyó con una sentencia absolutoria arguyendo que no mencionaba mi nombre, aunque él mismo reconocía que todo el mundo sabía quien era.

Me he atrevido, al fin, a escribir este memorial de agravios, porque me ha parecido que dado el largo recorrido de mi curriculum había llegado el momento de explicar una parte de la serie de desprecios y humillaciones de que me han hecho víctima mis compatriotas. Que incluso se jactan de ser feministas y de izquierdas, si es que saben lo que eso significa.   

Ciertamente lamento no ir a la bellísima ciudad de Las Palmas a recoger el doctorado, donde tenaces militantes del feminismo, de los derechos humanos y del avance de nuestro país siempre me han acogido con cariño y apoyo. Y aún me queda la esperanza de que antes de que termine mi periplo terrestre pueda reunirme nuevamente con mis compañeras de las “islas afortunadas”, si es que no han sido antes también víctimas de la ofensiva desencadenada por el lobby queer que ahora domina el mundo cultural y feminista de España.

Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España

Visita nuestro canal de YouTube y visualiza los vídeos del PFE ¡Te animamos a que saques el máximo provecho de esta experiencia y te sumerjas en el conocimiento del Partido Feminista de España!

Te invitamos a explorar todos nuestros comunicados y acercarte a nuestra propuesta política. ¡Gracias por tu interés!

Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección