España es un estado posmoderno
Este año 2026 se cumplen cincuenta desde que se publicara el primer número de la revista Vindicación Feminista. Durante cinco años Carmen Alcalde y yo penamos para poner en los kioskos el número de la revista de cada mes. En ella publicamos todos los temas de denuncia y debate del feminismo, que durante la dictadura fueron censurados. Uno de ellos, que nos ocupó el número entero fue la prostitución. Más tarde, cuando ya la falta de recursos nos obligó a cerrar Vindicación, el Partido Feminista de España creó la revista Poder y Libertad, en la que volvimos a tratar el tema.
Hace solo unos días la Directora del Instituto de la Mujer actual declaró públicamente que la ley de abolición de la prostitución no se podría aprobar esta legislatura pero nos prometió que habría debate sobre el tema, como si retrocediéramos un siglo.
Hoy nadie sabe que Federica Montseny, la dirigente anarquista que fue la primera mujer ministra de España en 1937, abolió la prostitución y creó los “liberatorios de prostitución”, refugios para las mujeres que se encontraban en la calle cuando se cerraban los prostíbulos. Pero para qué recordar la historia que está envejecida, olvidada y despreciada.
Los políticos de hoy han enterrado en la ignorancia las heroicas luchas que libró el pueblo español en la primera mitad del siglo XX por vencer el fascismo y crear un país que erradicara definitivamente las represiones y explotaciones de que hacía victimas a las mujeres y a las clases trabajadoras. Estamos en la sociedad wok que el posmodernismo ha instaurado. La ideología capitalista dominante ha logrado su mayor éxito convenciendo a las masas de la maldad del comunismo, hundiendo en la calumnia el marxismo y su análisis de la realidad. La social democracia que nos gobierna es el mejor aliado del capitalismo y mantiene intactas las estructuras de explotación económica del proletariado y las relaciones de dominación masculina sobre las mujeres. Especialmente en el sector de la prostitución, en que las víctimas son traficadas, secuestradas, transportadas, vendidas y compradas, maltratadas y asesinadas, de uno a a otro confín del planeta.
Y volvemos a debatir si prostitución o trabajo sexual, si abolición o regulación, si perseguimos la trata de personas o la legalizamos, por lo que la Directora del Instituto de la Mujer está tan satisfecha.
En la página web del Ministerio de Sanidad aparecen como acciones sanitarias “la gestación subrogada” y “el útero subrogado”. Aquí ya no se trafica con la mujer entera si no con trozos de ella. Esos materiales que sirven para fabricar los niños que necesita la especie para sobrevivir, y que solo las mujeres poseen.
Si en 1976 cuando editaba el documento sobre la prostitución para Vindicación Feminista me hubiesen dicho que cincuenta años más tarde estaríamos “debatiendo” la necesidad de la existencia de miles de mujeres prisioneras estabuladas para satisfacer los deseos sexuales de los hombres, quizá me habría deprimido. Y sobre todo hoy me pregunto amargamente para qué ha servido tanto sacrificio, esfuerzo y pérdidas económicas en el curso de este siglo transcurrido en España entre guerras exterminadoras, cuando ni aún siquiera las responsables de las instituciones estatales de un partido que gobierna y que se denomina socialista conocen la historia de su país ni las vicisitudes que ha sufrido la lucha feminista en las peores condiciones sociales y políticas del siglo.
La posmodernidad se ha instalado para enterrar los relatos heroicos, para banalizar los más ambiciosos objetivos de igualdad social y reparto de la riqueza por los quelos comunistas luchamos con tantos peligros y represiones como sufrimos, para convertir la épica del feminismo en una tertulia de televisión. Y estos términos no los emplean solo los Vito Quiles o los representantes de VOX, sino la directora del Instituto de la Mujer, que se fundó en la democracia para defender los derechos de la mujer, tan maltratados en la época anterior .
Esta declaración de la señora Redondo no ha sido comentada ni por los medios de comunicación ni por los partidos que se auto califican de izquierda. Pero, ¿ a qué me refiero cuando son precisamente los socialistas y los podemitas y los de Sumar los que defienden regular la prostitución para proteger a las prostitutas, y son los defensores más acérrimos de la doctrina queer?
Ha tenido que transcurrir el medio siglo que nos separa de la dictadura para que ahora el Instituto de la Mujer nos permita debatir si la prostitución es regulable.
Estamos viviendo una distopía, pero no las clásicas que temían el futuro como 1984, sino las que nos retrotraen al pasado. Aquel que nuestros antecesores condenaban y pretendían superar. De la misma manera que el fascismo se extiende por el mundo, las represiones e injusticias del siglo XX se repiten y se asientan, mientras los modernos son ahora los posmodernos.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
