Por PFE

De la “patria antiimperialista” al protectorado

Las tres claves de la rendición de la élite venezolana a Washington

Las entrevistas, los datos económicos y los movimientos geopolíticos de los últimos meses dibujan un panorama inédito para Venezuela: la élite surgida tras la intervención militar estadounidense del 3 de enero no solo ha normalizado relaciones con Washington, sino que ha aceptado la tutela efectiva de su economía, sus recursos y su política exterior.

Tres artículos recientes analizan, desde distintas aristas, lo que definen como la capitulación del poschavismo y la segunda muerte del legado de Hugo Chávez.

La entrevista que delató la sumisión: “Venezuela se está poniendo sexy”

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, concedió una entrevista a El País que, leída en clave crítica, se convierte en una radiografía involuntaria del nuevo statu quo. Rodríguez niega que Venezuela sea un protectorado, pero sus propias palabras lo desmienten.

  • Relación con Trump: Afirma que existe “una relación de cooperación” orientada al levantamiento de sanciones y a la adaptación de leyes para facilitar la inversión extranjera en petróleo, gas y minería. Rodríguez sostiene que EE.UU. no exige nada a cambio, pero admite que Washington ha hecho “sugerencias” sobre la redacción de las nuevas leyes de hidrocarburos.

  • Legislación a la carta: Las reformas legales aprobadas en tiempo récord (Ley de Hidrocarburos y nueva Ley de Minería) no son meros ajustes técnicos, sino la adaptación del ordenamiento venezolano a un sistema de explotación tutelado desde Washington. Las licencias de la OFAC someten los contratos a tribunales estadounidenses y canalizan los pagos a cuentas supervisadas por el Tesoro de EE.UU.

  • En el imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin describió cómo el capital financiero «es capaz de subordinar, y en efecto subordina, incluso a los Estados que gozan de una independencia política completa». La adaptación de la legislación venezolana a las «sugerencias» de Washington, así como el sometimiento de la explotación de sus recursos a licencias y tribunales estadounidenses, encarna esta subordinación estructural denunciada por el revolucionario ruso.

  • La frase indigna: Rodríguez declaró que “Venezuela se está poniendo bastante sexy para las inversiones extranjeras”. Esta expresión es una degradación moral que presenta a la “patria de Bolívar” como una mercancía al servicio del capital foráneo.

  • La lección del “trauma”: Al preguntársele por qué estos cambios no se hicieron antes, Rodríguez respondió que del “trauma del 3 de enero” aprendieron “la necesidad de no ver al otro como enemigo”. Es una invitación a no considerar enemigo a quien bombardeó, asesinó, secuestro a su presidente e intervino militarmente el país.

El regreso al FMI: la certificación financiera de la entrega

El Fondo Monetario Internacional ha comenzado a consultar a sus países miembros para normalizar relaciones con Venezuela, después de más de veinte años de ruptura.

  • Un símbolo histórico: La ruptura con el FMI fue uno de los pilares del chavismo. Hugo Chávez identificaba al Fondo como un instrumento de dominación estadounidense, responsable de las recetas de ajuste que desembocaron en el Caracazo de 1989. Venezuela canceló su deuda y anunció su salida del FMI y el Banco Mundial en 2007.

  • El FMI como gendarme imperial: Recordemos que el Fondo no es un árbitro neutral. Impone austeridad, privatizaciones y subordinación a cambio de crédito, y excluye a los gobiernos que desafían la hegemonía de Washington (como Cuba o la propia Venezuela hasta ahora).

  • Lo que significa la reapertura: Que el FMI se disponga a recibir a Venezuela es la certificación de que el poder estadounidense ya no percibe al actual gobierno como un problema, sino como un actor funcional a sus intereses. El regreso al FMI implica aceptar el marco general del orden imperial.

  • La segunda muerte de Chávez: Este giro constituye la “segunda muerte” del comandante, no a manos de la derecha tradicional, sino de una élite que invoca su legado mientras lo vacía de contenido.

El protectorado sin paliativos: ¿quién gobierna realmente?

Se plantea la pregunta de fondo: ¿quién toma las decisiones en Venezuela cuando el dinero de su principal riqueza se administra fuera de sus fronteras?

  • La orden ejecutiva 14373: Firmada por Donald Trump el 9 de enero de 2026, crea los Foreign Government Deposit Funds: cuentas en el Tesoro de EE.UU. donde se depositan los ingresos del petróleo venezolano. Formalmente, los fondos siguen siendo propiedad de Venezuela, pero su movilización requiere autorización del Gobierno estadounidense.

En 1913, Rosa Luxemburgo advertía que los préstamos internacionales constituyen el medio más eficaz para que los viejos países capitalistas mantengan a los jóvenes países en una relación de tutela, controlando sus finanzas y presionando su política exterior.

La Orden Ejecutiva 14373 actualiza esta lógica en el siglo XXI, depositando los ingresos del petróleo venezolano en cuentas del Tesoro estadounidense bajo la excusa de una ficticia «propiedad» sin capacidad de disposición.

  • Propiedad sin control: La propiedad sin el derecho al uso, al disfrute y a la disposición es una ficción. El secretario del Tesoro de EE.UU. administra los fondos siguiendo instrucciones del Secretario de Estado.

  • Un caso concreto: Tras el abordaje de un petrolero venezolano, cinco millones de dólares se repartieron así: tres millones reconocidos para Venezuela y dos millones depositados en una cuenta en Qatar, lejos incluso del Tesoro estadounidense. La escena evidencia que el dinero puede terminar en cualquier lugar, sin control de Caracas.

En el capítulo XXIV de El Capital, Marx describió la acumulación originaria como “el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción”. El saqueo contemporáneo de los recursos venezolanos, bajo una aparente legalidad impuesta desde Washington, reproduce esa violencia fundante del capitalismo.

Gobernar no siempre implica ocupar un palacio. A veces, basta con administrar el dinero. Cuando un país pierde el control de sus recursos, pierde la capacidad de decidir su propio destino. Venezuela reúne todas las condiciones para ser considerada un protectorado estadounidense.

La mirada feminista y chavista: advertencia contra la «invasión silenciosa»

Desde el Partido Feminista de España advertimos sobre las amenazas que representan el imperialismo estadounidense y las desviaciones ideológicas dentro de la Revolución Bolivariana. Basándonos en el Libro Rojo del PSUV, defendemos la vigencia del pensamiento de Hugo Chávez frente a la «invasión silenciosa».

Criticamos con firmeza las negociaciones con organismos financieros internacionales y la influencia de nuevos funcionarios norteamericanos en la política interna venezolana. Hacemos un llamado urgente a la organización popular y a la resistencia del pueblo venezolano contra el reformismo y el modelo capitalista. La lealtad al proceso revolucionario exige mantener una postura antiimperialista y defender la soberanía nacional sin concesiones.

Socialismo bolivariano versus reformismo

La diferencia fundamental entre el socialismo bolivariano y el reformismo radica en la profundidad del cambio social, la relación con el capitalismo y la actitud ante la lucha de clases.

El socialismo bolivariano se define como un proyecto radical y revolucionario. Sus características principales son:

  • Transformación estructural: A diferencia de otros modelos, no busca cambios superficiales, sino alterar sustantivamente el capitalismo y las formas burguesas de organización social.

  • Propiedad social: Cuestiona las relaciones de producción capitalistas, especialmente la propiedad privada sobre los medios de producción, y propone la hegemonía de la propiedad social en su forma estatal o comunal.

  • El «hombre nuevo»: No es solo un sistema económico, sino un proyecto de transformación espiritual que busca crear al «hombre y mujer nuevos», elevando la conciencia por encima del interés material individual.

  • Poder popular y Estado comunal: Busca el desmontaje del viejo Estado burgués para construir un «Estado comunal» donde el pueblo ejerza el autogobierno de forma directa.

  • Antiimperialismo y defensa armada: Es abiertamente antiimperialista y se define como una revolución pacífica pero armada, preparada para defender la soberanía con las armas si es necesario.

El reformismo, en cambio, es un «enemigo silencioso» que emerge de las propias filas de la revolución. Se diferencia del socialismo bolivariano por:

  • Cambio gradual: Busca una transformación gradual que no afecta la esencia del sistema capitalista.

  • Complicidad con el capitalismo: Es un sinónimo de complicidad que prefiere «maquillar» las contradicciones en lugar de enfrentarlas.

  • Fobia a la lucha de clases: El reformismo evita el conflicto y apuesta por la colaboración con las clases dominantes, mediante pactos, negociaciones tripartitas y acuerdos con el capital privado.

  • Creencia en una «burguesía buena»: Promueve la idea de que existe una «burguesía revolucionaria» con la que se pueden acordar políticas económicas y privatizaciones.

  • Pactos de élite: Favorece diálogos y acuerdos a espaldas del pueblo, buscando la gobernabilidad mediante el entendimiento con sectores de la derecha.

Las revoluciones suelen sucumbir más por el reformismo que por la lucha frontal contra sus oponentes, ya que este desgasta el proceso hasta empujarlo a la rendición pactada.

La traición del actual gobierno al chavismo: las dimensiones de la capitulación

Lo que hoy ocurre en Venezuela es una «invasión silenciosa» y un proceso de «capitulación pactada» que desvirtúa los principios fundamentales del socialismo bolivariano. Esta traición se manifiesta en varias dimensiones críticas:

Regreso al neoliberalismo y pactos con el capital

La política económica actual retoma las «viejas andanzas neoliberales» que el chavismo originalmente combatió. Esto incluye:

  • Apertura al mercado: La transición hacia una «economía de mercado», concepto que no figura en los estatutos del PSUV.

  • Vínculos con organismos financieros: La celebración por haber sido admitidos nuevamente en el FMI y el Banco Mundial es una involución que remite a 1989 y al «paquetazo» que generó el Caracazo.

  • Privatizaciones: El nuevo gobierno negocia privatizaciones y busca eliminar las expropiaciones para favorecer a sectores empresariales, incluyendo a la llamada «burguesía revolucionaria».

Entrega de la soberanía al imperialismo

Se ha desplegado una política de concesiones peligrosas frente a los Estados Unidos:

  • Control de recursos por la OFAC: El petróleo venezolano está siendo comercializado bajo la supervisión de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro estadounidense), lo que constituye una humillación a la patria.

  • Aceptación de tutelaje extranjero: La llegada de nuevos encargados de negocios de EE.UU. -como John Barrett- con el supuesto objetivo de reordenar los poderes públicos (Judicial, Electoral y Legislativo) al antojo de Washington, es un golpe de Estado sin disparar un tiro.

  • Pactos de élite: Existen negociaciones a espaldas del pueblo para lograr un nuevo pacto de gobernabilidad con la derecha, disfrazado de «diálogo» o «consenso».

Desmantelamiento del legado de Chávez

La traición se percibe también como un intento de «borrar a Chávez» del imaginario colectivo:

  • Reformismo interno: El reformismo es un «enemigo silencioso» que emergió de las propias filas tras la muerte del comandante para debilitar la posibilidad revolucionaria.

  • Criminalización de la crítica: Aquellos que defienden el Libro Rojo y el legado radical de Chávez son tildados de «traidores» o «apestosos», imponiendo una «obediencia ciega» que silencia la autocrítica necesaria.

  • Ley de Amnistía: Es vergonzoso que se haya permitido la presencia de «golpistas» y responsables de violencia (guarimbas) en la Asamblea Nacional, aceptando la narrativa internacional de que en Venezuela había «presos políticos».

Muchas de las acciones actuales solo han sido posibles porque el comandante Chávez ya no está, «Tuvieron que matarlo para hacer muchas de las cosas que se están haciendo ahora».

El silencio cómplice y la desorientación popular

Quienes desde medios alternativos u organizaciones de solidaridad continúan mirando hacia otro lado, o justifican cada concesión como una “maniobra táctica”, contribuyen al desarme ideológico de los pueblos. Ocultar la realidad de la capitulación no protege a los movimientos populares; los deja inermes frente a las élites que, bajo símbolos prestados del chavismo, consuman la rendición incondicional ante el poder imperial.

Lidia Falcón, al analizar los pactos que dieron forma a la Transición española, escribió una frase que parece escrita para lo que hoy ocurre en Venezuela: «La Transición fue la gran Traición. De los que estaban en el exilio y de los que habían estado en la cárcel«. Una traición, añade, en la que «la rendición de las clases trabajadoras era sin condiciones«. 

Esa misma estampa se reproduce ahora en Caracas: una élite que nació de la resistencia antiimperialista y que, bajo el chantaje de la intervención y el espejismo del levantamiento de sanciones, ha consumado una rendición sin condiciones ante el poder de Washington.

El horizonte anunciado: vasallaje, frustración y retorno de la vieja burguesía

He aquí la terrible lección que arroja este proceso: el capital, en su lógica despiadada, solo concede dos salidas a los pueblos que se resisten: la guerra o el vasallaje. La élite poschavista ha elegido el vasallaje, pero este pacto con Washington no garantiza estabilidad alguna. Todo indica que quieren destruir la ideología chavista en su totalidad, desactivada desde dentro por quienes aún la invocan para legitimarse.

Las promesas de mejora económica y bienestar popular que hoy lanza el nuevo gobierno tutelado no se cumplirán, porque su única función es administrar la entrega, no redistribuir la riqueza. Y entonces, cuando la frustración popular estalle -como es previsible-, el sistema estará listo para consumar la última fase del guion: en las próximas elecciones, la antigua burguesía -María Corina Machado o cualquier otro títere de turno- emergerá como «alternativa» para completar la restauración neocolonial.

Será la vuelta al pasado más oscuro del país, pero esta vez sin un Chávez que se levante frente al imperio. El sueño bolivariano, así, no habrá sido derrotado por un golpe de Estado convencional, sino ahogado en su propia traición.

En el Manifiesto Comunista, escribieron que «en la sociedad burguesa el pasado domina al presente». Ese pasado de sumisión a los intereses foráneos, de entrega de los recursos nacionales a las potencias imperiales, vuelve ahora disfrazado de «pragmatismo» y «nueva relación de cooperación». El sueño bolivariano, así, no habrá sido derrotado por un golpe de Estado convencional, sino ahogado en su propia traición.

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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección