COMUNICADO SOBRE LA VIOLACIÓN DE SABADELL

El 3 de febrero de 2019 una joven de 16 años que regresaba a su casa tras una fiesta de cumpleaños fue abordada por un hombre que la condujo a la fuerza a una nave abandonada en un polígono industrial de Sabadell. Allí fue introducida en una habitación, arrojada sobre un sofá y violada anal y vaginalmente por tres hombres que se sucedieron en el brutal acto. Otros tres hombres permanecieron mirando sin intervenir en la violación, pero sin hacer nada por impedirla. La mujer no podía hacer nada por defenderse ni huir, pues se encontraba en lo que la sentencia califica como “clima de terror”: para huir necesitaría atravesar dos puertas, la de la habitación donde la violaron y la puerta de la nave; además estaba rodeada por seis hombres, tres de ellos en una actitud claramente violenta. Solo podía dejarse hacer y desear que todo acabase cuanto antes.

Cuando todo acabó y los violadores se dieron por satisfechos, pudo escapar de la nave y acudir a la Policía, que entre otras pruebas le tomaron muestras de ADN que han sido determinantes para demostrar la culpabilidad del único violador que ha podido ser detenido. El segundo presunto violador fue puesto en libertad condicional al no poder ser identificado por la víctima en una rueda de reconocimiento y huyó, encontrándose actualmente en paradero desconocido; el tercero nunca fue localizado ni identificado.

El único acusado de violación –que acudió a juicio en actitud arrogante, haciendo con los dedos el signo de la victoria– admitió ante el tribunal haber mantenido con la víctima una relación sexual, pero aseguró que fue consentida. Sin embargo, los tres jueces –dos hombres y una mujer– creyeron más en el testimonio de la víctima, que era la principal prueba presentada por el fiscal.

La sentencia emitida el 16 de abril condena a 31 años de prisión al violador y a 13 años a cada uno de los mirones que no hicieron nada por impedir la violación. Esto último es importante porque nunca se había condenado a una pena tan elevada a alguien por mantener una actitud pasiva. Según el tribunal los tres hombres contribuyeron con su presencia y su inacción a crear un clima de terror en la víctima y la sensación de que no había escapatoria posible. La sentencia podría crear un precedente a seguir en posibles casos futuros, pues la negación de auxilio a la víctima se convirtió en colaboración necesaria para consumar la violación.

Los medios están haciendo correctamente su trabajo al informar puntualmente de los crímenes que se producen contra la mujer y realizar debates entre periodistas de diferentes medios en los que a menudo hay unanimidad, no solo en la condena de la violencia, sino también en la identificación de las causas que la desencadenan.

Pero lamentablemente las violaciones, los asesinatos machistas, los malos tratos y en general todas las formas de violencia no tienen reflejo en la opinión pública ni en la actividad política. Nuestra sociedad parece narcotizada ante los crímenes machistas; parece como si el constante goteo de palizas, violaciones y asesinatos hubiese creado una coraza de insensibilidad en la inmensa mayoría de la población, que las escucha con la misma indiferencia con que hasta hace poco escuchaba la relación semanal de muertes en accidentes de carretera. Afortunadamente las muertes en carretera han descendido gracias a las campañas de concienciación y a las sanciones, pero los asesinatos machistas y las violaciones parecen estar lejos de descender.

Tampoco los partidos políticos reaccionan ante la violencia machista. Es cierto que figura en el programa de casi todos ellos, pero en forma de imprecisa “lacra” contra la que se debe luchar, pero no proponen medidas concretas, ni campañas de concienciación, ni cambios en la educación,  ni medidas de protección a las mujeres amenazadas y acosadas, ni a los niños y niñas víctimas de abusos sexuales por parte de sus padres.

El Partido Feminista exige que los poderes políticos pongan en marcha medidas que hagan descender la violencia, tales como:

Impartir una educación en igualdad en escuelas e institutos que muestre el daño causado por el acoso, los estereotipos sexuales y las relaciones de dominación.

Prohibición de la distribución de pornografía, convertida en una escuela de sexualidad para jóvenes y adolescentes, que les lleva a pensar que las relaciones sexuales son violentas por naturaleza.

Desarrollo de protocolos de protección policial que se activen en el momento en que la víctima de maltrato ponga una denuncia.

Inversión de la carga de la prueba, de manera que la víctima de una agresión no se vea obligada a demostrar que lo es y la investigación policial se centre en el agresor.

Formación en violencia machista de jueces, policías, fiscales, médicos forenses y personal administrativo, de manera que se impidan tratos humillantes y errores en la investigación.    

Es mucho lo que hay que cambiar si se quiere que la lucha contra la violencia machista comience a tener éxito. Solo con buenas palabras y buenas intenciones no se conseguirá nada.    

22 de abril de 2021

Jorge Saura

Coordinador del Área sobre Violencia contra la Mujer
del Partido Feminista de España

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