Comunicado del Partido Feminista de España sobre la muerte de José Antonio González y dos trabajadores más

El Partido Feminista de España muestra su más profundo pesar y hace llegar sus condolencias a los familiares y a las personas allegadas de José Antonio González y los dos trabajadores (cuyos nombres no han trascendido) por la ola de calor.

La muerte de una trabajadora o trabajador no podemos contemplarla como una muerte más debida a una situación determinada. Si bien es cierto que los accidentes ocurren, también lo es que la dejadez de la administración, la avaricia del empresariado y la situación precaria, que sufre la clase obrera, propician una serie de muertes perfectamente evitables que se podrían catalogar como terrorismo empresarial con el beneplácito del sistema.

El estatuto de los trabajadores y de las trabajadoras, y los distintos convenios recogen en qué condiciones se puede trabajar, en cuales no, y en el caso de que el trabajo sea necesario, medidas para paliar dichas condiciones, pluses por penosidad (dificultad añadida a la hora de trabajar por las condiciones), etc. Estas tres muertes (y las que habrá que no hayan llegado a la opinión pública) hubieran sido perfectamente evitables de cumplirse dichas normativas, de haber proporcionado los EPI’s necesarios, y/o haber modificado los horarios de trabajo.

Es importante señalar el papel que juega la precariedad laboral. José Antonio, si hubiese tenido un contrato en condiciones y no por un mes, si supiese que su buen hacer era suficiente para conservar su empleo, probablemente no hubiese accedido a trabajar a las 3 de la tarde en plena ola de calor. Debido a su precariedad quiso hacer méritos para conseguir una prórroga (plantearse en esa situación una contratación indefinida es un sueño, un deseo inalcanzable) y que se le tuviese en cuenta de cara al futuro. Demostrar tu valía trabajando, aunque la vida te vaya en ello. Y en este caso (y el de los otros dos trabajadores) así ha sido.

El caso de José Antonio es especialmente sangrante, puesto que trabajaba para una contrata de un ayuntamiento. Es decir, ayuntamientos que externalizan lo que son servicios públicos para abaratar costes (que se traduce en menor salario para quien trabaja y peores condiciones laborales) y desentenderse de las condiciones en las que se realiza el trabajo a desempeñar. La administración, que debería asegurarse de que las condiciones laborales se cumplan y que las tareas se realicen en las condiciones adecuadas, traspasa la plantilla de trabajo a una empresa donde sólo priman resultados y productividad incluso a costa de la vida de trabajadoras y trabajadores, desentendiéndose de las condiciones de quienes realizan dicho trabajo.

El caso de los otros dos trabajadores no es baladí, tampoco ¿Qué clase de empresariado tenemos en este país que no tiene reparos en hacer trabajar a alguien en una nave industrial con temperaturas imposibles o que envía a una persona a patear las calles en las horas en las que se recomienda estar a cubierto del sol? El empresariado nos transforma en máquinas y piezas que si se rompen son sustituibles. Ya no somos personas, somos tuercas, tornillos y arandelas, que, si se rompen por el uso o por un defecto de fabricación, se reemplazan y a otra cosa. Es la realidad en la que vivimos.

Ah, pero es que el cambio climático lo cambia todo. Curioso. El cambio climático se niega cuando se necesita tener en marcha según qué producciones (electricidad, por ejemplo). Sin embargo, ante el abuso del empresariado se reafirma su existencia y se exhibe como algo imprevisible para hacer pasar una muerte totalmente prevenible como inevitable. Un ejemplo claro de ello es la situación que están viviendo los brigadistas antiincendios: se les contrata sólo en verano. Y la pregunta es ¿por qué? No se sobrevive con tres meses trabajados, por lo que la mayoría de ellos al año siguiente tienen otro empleo, lo que provoca que se pierda la experiencia y conocimientos adquiridos. Se apela a la voluntad de pastores y agricultores para mantener el monte cuando es una faena que podrían realizar el resto del año y que les proporcionaría un conocimiento del entorno que se sabe vital a la hora de acceder a los lugares donde hay fuego. Eso sí, si alguno muere, será culpa del incendio, incendio que se justificará con la ola de calor y no por dejadez de las distintas administraciones. Pero no contabilizarán como víctimas de la ola de calor.

Y como si no fuera suficiente con quienes trabajan en el exterior para que estén expuestos a temperaturas extremas, debido a la crisis energética tenemos un llamamiento de apagar o bajar el aire acondicionado en el resto de los trabajos, especialmente los centros comerciales. Centros donde la ventilación brilla por su ausencia, no hay ventanas y las puertas dan a pasillos con idéntica situación. O edificios de oficinas donde, basándose en la eficiencia energética, es imposible abrir una ventana ¿En serio? ¿Ahora queremos a cajeras, dependientas, oficinistas… trabajando a temperaturas imposibles con todo lo que conllevará?

Lo peor de todo es que no es necesario hacer cambios. Basta con cumplir la legislación, el estatuto de los trabajadores y los distintos convenios, que contemplan la situación. Basta con que el empresariado deje de tratar a las personas como piezas o máquinas sustituibles. Basta con que la administración haga efectiva las normas, empezando por sus propias empresas creadas para beneficios personales y continuando por aquellas que contrata. Es tan simple como garantizar las normas y obligar a que se cumplan ¿no hay personal suficiente? Estupendo, que se convoquen oposiciones y se genera empleo, salimos todos ganando.

Las muertes en el trabajo en condiciones evitables deben cesar. Y la administración debe asumir el papel que le corresponde para evitar que ocurran.

Comisión Política del Partido Feminista de España.
Barcelona, 22 de Julio de 2022

Deja un comentario