Acabar con los emigrantes
Ante el grave problema que significan los emigrantes para nuestros políticos y también para los ciudadanos españoles, según estamos viendo con los sucesos de Ceuta, quiero aportar mis ideas para una solución definitiva del mismo. Dado que en Alemania acaba de ganar las elecciones el partido nazi Alianza por Alemania, estrecho amigo de nuestro VOX, y ambos enormemente fastidiados con los emigrantes que se nos meten aquende nuestras fronteras sin que les hayamos dado permiso, supongo que tanto este partido como aquel se propondrán, cuando gobiernen, acabar con semejante fastidio con medidas eficaces, en vez de perder el tiempo en reuniones y discusiones nada útiles. Teniendo en cuenta las soluciones que encontró Hitler para acabar con los judíos que le estorbaban, de quien son admiradores ambas formaciones políticas, sería eficaz estudiar la implantación en nuestro territorio nacional -ya hemos visto que pretenderlo en otros países no da resultado- de campos de concentración, al estilo nazi, en vez de tener a miles de hombres, mujeres y niños sueltos por las calles, metiéndose en las playas, parques y plazas de la ciudad, con la consiguiente molestia para los vecinos, el peligro de epidemias por la suciedad que implica y las actuaciones violentas que pueden protagonizar. Los campos de concentración ahorran espacio e instalaciones para mantener aislados a los emigrantes del resto de la población española que no tiene por qué tener contacto con subsaharianos, mendigos y delincuentes.
En los campos de concentración los allí concentrados están aislados del resto de la población y vigilados como tiene que ser para evitar conatos de sublevación y agresiones a las fuerzas públicas como ya hemos visto estos días pasados en Ceuta. El ejemplo del sistema hitleriano nos enseña como se vigila el orden y la organización sociales eficazmente, no como está sucediendo ahora en nuestra querida ciudad africana.
Ese sistema tiene además la ventaja de que en caso de abierta rebeldía de los concentrados pueden instalarse las duchas de gas con las que se tranquiliza definitivamente a los detenidos, y acabar en los hornos crematorios. Ese sistema es mucho más rápido e higiénico que tener a los emigrantes tumbados en las aceras y en las playas contaminándolo todo, amén del horrible espectáculo de esos cuerpos escuálidos y sucios ornamentando nuestras calles.
Los que me critiquen argumentando que eso no se puede hacer deberán explicarme por qué y en cambio sí podemos recoger los cadáveres de los ahogados y enterrarlos sin saber quienes son, lo que da mucho más trabajo, o tener que suministrarles comida y agua a los vivos que han llenado la ciudad repentinamente sin que nadie los haya traído, y además buscarles cobijo porque resulta muy feo verlos tendidos en las calles, con el mal aspecto que tienen y, mucho peor, que se hagan sus necesidades en los portales de las fincas de nuestros nacionales.
Unos buenos gobernantes tienen que preocuparse primero por el bienestar y la comodidad de sus nacionales y no de los extranjeros sin papeles, esos que son imprescindibles para vivir, que estorban en nuestras calles y plazas, y además reclaman atenciones como si fuesen españoles.
La etapa hitleriana nos enseñó como deshacerse de gente incómoda, a la que no queremos en nuestro país. Y creo que muchos de los votantes de VOX y de AfD estarán de acuerdo conmigo, aunque no lo digan, porque están coartados por las críticas, lo que es cercenar la libertad de expresión.
Yo ofrezco estas ideas al presidente de Ceuta, muy agobiado por la situación que se le ha venido encima sin que la provocara, y al Comité de Seguridad que desde hace varias semanas se reúne sin encontrar soluciones prácticas, y a los siete ministros que declararon en el Congreso, sin que a pesar de las horas que estuvieron informándonos supiéramos qué habían hecho ni que iban a hacer para acabar con los miles de marroquíes que nos han invadido una bella ciudad, como nuestra Ceuta.
La solución final, un nombre muy acertado acuñado por Hitler, es mucho más práctica. Y seguramente los votantes de VOX y de AfD estarán de acuerdo, incluso muchos del PP y de otros partidos, que se sienten muy patriotas. Esa patria en la que no piensan los que defienden los derechos de los emigrantes y se olvidan de los de los españoles.
Espero que nuestros gobernantes tomen buena nota de las ideas que les ofrezco, no sé si tendrán que consultarlas con sus votantes, y reconozcan lo útiles y prácticas que son, en vez de seguir esperando semanas y meses a que construyan albergues, casetas, tiendas de campaña y cabañas de paja que no se terminan nunca y de las que los emigrantes pueden escaparse fácilmente.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
