Por PFE

La gran estafa AfD

Por qué los trabajadores de Sajonia votan a AfD

La magnitud del fenómeno: Ruptura sistémica y datos electorales

El éxito de la AfD no es un fenómeno marginal, sino un síntoma de una profunda crisis de legitimidad del sistema político actual en el este de Alemania.

  • Desconfianza estructural: Más de cuatro de cada cinco ciudadanos desean cambios políticos profundos, evidenciando una ruptura con un sistema en el que han dejado de confiar.

  • Hegemonía en el voto obrero: El 61% de los trabajadores de Sajonia-Anhalt habría votado a la AfD. Este apoyo se extiende transversalmente: ronda el 46% entre los empleados, supera el 50% entre los autónomos y es la primera fuerza en prácticamente todos los grupos de edad, alcanzando un notable 42% entre los menores de 25 años.

La gran pregunta: ¿Cómo puede una formación nacionalista y conservadora convertirse en la opción preferida de una masa tan grande de trabajadores?

La raíz material del descontento: La reunificación como anexión económica (1990)

Para comprender la intensidad de este fenómeno en la antigua República Democrática Alemana (RDA), es indispensable un análisis materialista de lo que ocurrió tras la caída del Muro. La reunificación no fue una fusión entre iguales, sino la absorción del sistema oriental por el occidental.

  • El desmantelamiento industrial: La Treuhand (agencia de privatización) gestionó alrededor de 8.500 empresas públicas que empleaban a 4,1 millones de personas. El resultado fue el cierre, la fragmentación o la venta a capitales occidentales de la mayor parte del tejido productivo.

  • La pérdida de conquistas sociales reales: La RDA ofrecía una seguridad material tangible que su desaparición arrasó: empleo garantizado (paro prácticamente 0%), vivienda casi gratuita (5-10% del ingreso), y acceso universal y gratuito a educación, sanidad y cuidados infantiles.

  • Consecuencia: Cientos de miles de puestos de trabajo desaparecieron en pocos años. Lo que muchos ex-alemanes orientales sienten no es una «nostalgia romántica», sino el duelo legítimo por una seguridad social real que fue destruida.

El vacío de representación y la ingeniería del relato

Inicialmente, el descontento oriental canalizó su protesta hacia Die Linke (La Izquierda), como rechazo a las consecuencias sociales de la reunificación. Sin embargo, la formación fue progresivamente domesticada por el sistema parlamentario y abandonó el foco en las condiciones materiales de vida. En su lugar, se volcó en políticas identitarias y de género —cuestionando el sexo biológico, validando múltiples géneros y promoviendo intervenciones hormonales y cambios de sexo en menores—, desatendiendo las preocupaciones reales y cotidianas de la población trabajadora. Al cambiar la lucha de clases por estas batallas culturales, dejó un vacío político. La AfD entró para ocupar ese espacio, realizando una traducción ideológica de los problemas materiales:

  • Donde existía sentimiento de abandono, la AfD habló de humillación.

  • Donde existía pérdida industrial, habló de traición de las élites.

  • Donde existía inseguridad económica, señaló chivos expiatorios: Bruselas, el Gobierno federal, los ecologistas o los inmigrantes.

El relato es políticamente sencillo y fértil en regiones devastadas industrialmente: «Alemania pierde industria, soberanía y seguridad porque sus gobernantes han dejado de defender los intereses nacionales».

La paradoja de clase: Reunir miedos opuestos bajo una misma bandera

El éxito electoral de la AfD se basa en una ambigüedad calculada que agrupa a clases con intereses antagónicos bajo un mismo paraguas emocional:

  • El empresario vota a la AfD porque desea menos impuestos, menos regulación y una fuerte defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción.

  • El trabajador vota a la AfD porque teme perder su empleo y escucha palabras como protección, industria, energía barata, seguridad y soberanía.

La estafa política: Mientras la retórica de la AfD seduce al trabajador con promesas de protección, su programa económico real favorece sistemáticamente al gran capital (reducciones fiscales y desregulación). Han logrado transformar la añoranza de unas necesidades básicas cubiertas en una «identidad alemana» reaccionaria, culpando al extranjero y a las instituciones supranacionales de todos los males, pero eximiendo de toda responsabilidad a la gran empresa y al capital.

La apropiación simbólica y la distorsión de la memoria: El caso Simson

Durante décadas, las motocicletas Simson formaron parte del paisaje cotidiano de la antigua Alemania Oriental. Resistentes, económicas y fáciles de reparar, se transformaron en uno de los símbolos más recordados de la vida en la República Democrática Alemana.

La AfD ha apropiado este icono utilizándolo como símbolo propio en sus campañas electorales: sus candidatos han desfilado públicamente con estas motocicletas, organizando concentraciones y paseos con Simson como parte de su estrategia de marketing político para conectar con la nostalgia del este alemán.

Sin embargo, esta apropiación encierra una contradicción histórica dolorosa:

  • La marca fue fundada por una familia judía que fue expropiada por los nazis en la década de 1930. Sus descendientes han condenado públicamente la apropiación de este símbolo por parte de la extrema derecha.

  • La asociación de este icono de la movilidad obrera oriental con el nacionalismo de derecha es históricamente contradictoria. Demuestra cómo la AfD distorsiona la memoria histórica, despojándola de su contexto real (y de sus víctimas originales) para convertirla en un fetiche de una supuesta «pureza» o identidad nacional que nunca existió.

El éxito de la AfD en Sajonia no se explica por un giro ideológico repentino de la clase trabajadora hacia el conservadurismo, sino por el fracaso del sistema político para ofrecer alternativas materiales reales tras el trauma de la privatización de los años 90.

Afd ha logrado secuestrar las legítimas demandas de seguridad, dignidad y estabilidad de la clase trabajadora, desviando la ira social lejos del capital (el verdadero beneficiario de la desindustrialización y la precariedad) y dirigiéndola hacia abajo (inmigrantes) o hacia afuera (Bruselas). Sin un análisis de clase que enfrente las raíces económicas de este descontento y ofrezca respuestas estructurales, el relato nacionalista seguirá llenando el vacío que deja la ausencia de una izquierda transformadora.

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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección