Cuando las mentiras encubren las traiciones
Tantas veces me pregunto como es posible que la sociedad española aguante, callada y tranquila, las traiciones, falsedades y perjuicios económicos que desde la Transición nuestros gobiernos democráticos les ha acarreado.
La última operación de este calado -después de la entrada en la Unión Europea y en la OTAN, y la participación en la guerra de Irak- ha sido ejecutada este mes de febrero por el gobierno de Pedro Sánchez con la desclasificación de los documentos del golpe de Estado del 23 de febrero, cuando se cumplían cuarenta años de la invasión del Congreso de los Diputados en 1981, por el teniente coronel Tejero y sus tropas.
La campaña mediática que se ha organizado para ocultar nuevamente la verdad de la conspiración que urdieron el general Armada, el rey Juan Carlos I, y varios de los dirigentes socialistas como Enrique Múgica, es indecente. Periodistas de todos los medios, políticos de todos los partidos, incluidos esos que se autodenominan de izquierda, politólogos -sea lo que sea eso- parecen haberse puesto acuerdo en orquestar debates, entrevistas, y escribir artículos e informes cuyo final es afirmar que el rey Juan Carlos salvó la democracia la noche del asalto al Congreso
Durante cuatro décadas, no ya las que duró el franquismo -y parece que es un plazo fijo pactado por los franquistas- sino las que presumieron de implantar la democracia, el acuerdo de todos los protagonistas de la política y los medios de comunicación para ocultar los desvíos del emérito, algunos delictivos, del papel que se le había asignado de constructor del nuevo régimen democrático, con la declaración constitucional de su impunidad fuesen cuales fuesen sus crímenes, ha servido para eso: para que desde el cobro ilícito de comisiones, los negocios sin autorización ni encargo de las instituciones democráticas, el fraude fiscal y ya como aderezo de esta carrera, las relaciones adúlteras trufadas de regalos multimillonarios, se ocultaran y encubrieran en todos los pódiums, mostrando públicamente una imagen absolutamente falsa del monarca.
Pero que esto había sido así era conocido por la mayoría de la sociedad, que aceptó el engaño en el ejercicio de una cobardía que hasta ese momento no había mostrado. La amenaza, y desde 1939 vivimos amenazados por la posibilidad de sufrir un nuevo golpe de Estado como el que precedió a la Guerra Civil, la más sangrienta y de resultados más nefastos de todas las que ha vivido nuestro sufrido país, estaba clara. El Ejército que albergaba a todos los cargos fascistas de la antigua época, permanecía quieto y silencioso, los políticos franquistas, que eran muchos, seguían dirigiendo los destinos del país, los cárteles económicos se limitaban a estafar y robarnos como habitualmente y no financiaban ninguna aventura bélica, y todos obedecíamos las consignas del Departamento de Estado de EEUU transmitidas por la CIA, que nos dejaban sobrevivir a la explotación laboral de la oligarquía, sin temer que nos bombardearan la casa que habíamos comprado dejándonos la piel, el presente y el futuro en la obtención de su precio.
Lo más indecente, que me ha exaltado hasta el punto de escribir este artículo, es que cuarenta años más tarde, un gobierno socialista -sostenido por una constelación de partiditos y grupúsculos que se autocalifican de izquierda- decida -en un ejercicio fraudulento de exhibición de desvelar la verdad oculta casi medio siglo- lo que llama “desclasificar” los documentos que contienen la verdadera historia de aquella invasión del Congreso de los Diputados, que comenzó mucho antes del 23 de febrero, para seguir contándonos las mismas mentiras que nos han engañado todo este periplo.
El personaje más beneficiado por esta conspiración es sin duda el mismo Juan Carlos que instruido por Franco, aceptó obedecer las órdenes de Kissinger y compañía en la burda estafa de ser coronado rey. Y premiado por ello aparece en este nuevo episodio de la falsificación de la historia como el artífice imprescindible para que ni el teniente coronel Tejero ni el general Armada se hicieran con el gobierno de España. Ah, pero no creamos que es el único, por más coronado que esté. Cómplices necesarios para dar la asonada de aquella tarde, y que esperaban ser gratificados por ello, fueron muchos más, entre los que se encuentran los cargos más elevados del Partido Socialista Obrero Español. Que así se retratan públicamente como hace pocos días, Felipe González, que ha tenido la desfachatez de asegurar que a Juan Carlos le debemos la instauración de la democracia en España.
Los historiadores de esta época tienen la obligación de mostrar de una vez la infame conducta del más corrupto y depredador sexual de los Borbones que hemos tenido la desgracia de sufrir desde 1808. Y no olvidar el papel que han jugado en esta etapa los que organizaron las conspiraciones y mantuvieron el apoyo y el silencio, desde Enrique Múgica, Felipe González, Sabino Fernández Miranda, jefe de la Casa Civil de su majestad, y los militares y empresarios imprescindibles para que salieran los tanques a la calle y se financiaran los gastos que la aventura ocasionaba.
Quiero contarles algunas de las peripecias de este episodio que a pesar del pacto de ocultamiento se habían publicado anteriormente.
El 23F del rey Juan Carlos que Sabino describió y Armada calló – Carlos Enrique Bayo / Público (22/10/2024)
El general Alfonso Armada y Comyn, quien participó en el sitio de Leningrado del Ejército nazi al frente de la División Azul y fue miembro del Estado Mayor Central durante el franquismo, envió en 1977 cartas con el sello de la Casa Real (donde era jefe de la secretaría del rey) pidiendo el voto para la Alianza Popular de Fraga Iribarne en las primeras elecciones de la democracia. Once días antes del 23F asumió el cargo de segundo jefe del Estado Mayor del Ejército. En la noche del golpe se presentó en el Congreso con la lista de un Gobierno de “unidad nacional” presidido por él mismo; fue condenado en 1983 a 30 años de cárcel como cabecilla de la fallida asonada militar, y fue indultado en 1988 por Felipe González, quien figuraba en la lista de Gobierno de unidad nacional que hizo Armada el 23F.
Carlos Enrique Bayo sigue contando en un libro que está a punto de publicar la editorial AKAL: “Pocos reyes han hecho tanto por su pueblo. Pocos reyes lo han conducido a la democracia”. Así arrancó el documental de RTVE sobre Juan Carlos I, grabado entre 2014 y 2015, dirigido por el cineasta hispano-francés Miguel Courtois y coproducido con France3. Pero la realidad es que ese rey, hoy emérito y residente en Abu Dhabi para no hacer frente a sus obligaciones fiscales, no fue más que un fiel discípulo del dictador, empeñado en ascender al trono a cualquier precio -para lo que llegó a vender secretos de Estado a EEUU, a cambio de su apoyo para ser coronado- y que, para resumir:
Utilizó su cargo para amasar una fortuna (no sólo con las comisiones de las compras de crudo de España, sino sobre todo con las del tráfico de armas a regímenes autoritarios).
Cultivó la amistad de los jeques y emires teocráticos del islamismo integrista y condecoró a dictadores sanguinarios de Oriente Medio, América y África.
Traicionó cientos de veces a su esposa con queridas y aventuras de su irrefrenable adicción al sexo, además de maltratarla en la intimidad.
Estableció una auténtica asociación para delinquir con la más notable de sus amantes, y más hábil de sus cómplices, en la gestión de sobornos y cohechos.
Defraudó cientos de millones de euros a Hacienda a través de Patrimonio Nacional, fundaciones en paraísos fiscales, sociedades pantalla y cuentas secretas en Suiza.
Y cometió todos esos desmanes aprovechándose de la total impunidad que le arrogó la Constitución, utilizando además para ello fondos públicos en plena crisis financiera mundial y los casi ilimitados poderes de los servicios secretos encargados de proteger al que ostentaba la Jefatura del Estado de España, un CNI que siempre encubrió sus excesos.
El ‘elefante blanco’ del 23F
“El exjefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, confió en 1994 a un pequeño círculo lo que sabía sobre el verdadero papel del rey en el golpe de Estado de Tejero. Actuó así despechado por las malas maneras con las que Juan Carlos I le destituyó tras descubrir que había filtrado los amoríos infieles del monarca, con la intención de forzarle a abandonar a una de sus amantes. Según relató Sabino, fue el propio rey quien promovió el golpe con el objetivo de acabar con la carrera política de Suárez y la fuerza electoral de la UCD».
“Al comenzar el golpe él entró en la sala donde estaba el rey, acompañado de la reina y de su hijo, y le sorprendió ver que Juan Carlos y el administrador de su fortuna, Manuel Prado y Colón de Carvajal, estaban brindando con champán por el éxito del golpe”.
Lean el libro de Carlos Enrique Bayo y estremézcanse al informarse de las mentiras que encubren las traiciones del rey emérito, de sus ayudantes y encubridores y de los gobiernos llamados democráticos que han sido y son los cómplices necesarios para que el ingenuo pueblo español siga creyendo que vive en una sociedad democrática.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
