Por PFE

Tesis Violencia y explotación en la industria pornográfica

Portada Tesis Violencia y explotación en la industria pornográfica

En 1982 el Partido Feminista de España lamentaba el blanqueamiento del llamado porno-duro, un término impreciso en aquel momento y que, más de cuadro décadas después, se ha introducido en nuestra cotidianidad para sumarse a otro tipo de violencia contra las mujeres, la denominada violencia sexual. Es cierto que la violencia sexual siempre ha existido, pero, ¿qué ha hecho la sociedad para erradicarla? ¿Cómo es posible que, casi cincuenta años después del comunicado y el artículo que abren esta investigación, aumenten las agresiones sexuales a niñas y jóvenes por parte de grupos de chicos de 14 ó 16 años? ¿Qué papel ha desempeñado el conocimiento o la universidad para advertirle a la sociedad de las consecuencias del consumo de pornografía? ¿Cómo es posible que, más de cuarenta años después de la denuncia del Partido Feminista de España, siga debatiéndose sobre el consumo de la pornografía o la idoneidad o no de usar móviles a edad temprana? ¿No ha habido suficientes análisis y/o debates desde el año 1976? ¿A quién beneficia la industria pornográfica? ¿Y a quién perjudica, explota, vulnera? ¿Quién protege, suponiendo que lo hiciere, a las mujeres explotadas sexualmente en la industria pornográfica? ¿Cómo legitimar el discurso de una industria, la pornográfica, que se lucra sometiendo sexualmente a las mujeres y promoviendo una sexualidad pornoviolenta que siguen como modelo nuestros jóvenes de hoy? ¿Tienen algo que decirte el Estado, las familias, la escuela?

K. Marx escribe en El Capital que «la clase dominante pretende mantener las relaciones productivas tal y como existen en la sociedad, mientras que el interés de la clase ascendente es destruirlas». Esperar que el sistema capitalista prohíba la pornografía por razones feministas o éticas es de una ingenuidad pasmosa, pues, como sabemos, el capital siempre gana. Detrás de la industria pornográfica se mueven intereses económicos y beneficios multimillonarios de un dinero «negro» que, explotando a las mujeres, obtiene un rédito de incalculable valor monetario. Huelga señalar la íntima conexión pornografía-prostitución. El nuestro es un modelo de sociedad capitalista pornoviolenta que convierte en mercancía el cuerpo de las mujeres vulnerables, un aprendizaje intrínseco a las raíces de la pedagogía pornográfica que las explota a cambio de beneficios económicos. El aprendizaje que supone la pornografía –mujeres disponibles para ejercer violencia sexual en cualquier momento y al gusto del consumidor varón– conduce a la deshumanización de las mujeres prostituidas, otro de los grandes negocios del capital y que no serán objeto de nuestro estudio para centrarnos exclusivamente en los entresijos y miserias de la violencia sexual patrocinada por el Estado, las multinacionales y diversas empresas como las telefónicas.

Una de las consecuencias de la llegada de internet ha sido el aumento del uso de pornografía en línea. La pornografía busca a los niños y jóvenes. Ya sabemos que la mayoría de niños recibieron violencia pornográfica «accidentalmente» mientras navegaban en las redes sociales o jugaban a algún videojuego como el GTA. El aumento del consumo de pornografía y cada vez a una edad más temprana ha animado a estudiarla en el ámbito de la investigación científica.

Sin embargo, gran parte de los estudios han evaluado exclusivamente las consecuencias en los consumidores varones adultos. Probablemente, el hecho de que justamente la población más vulnerable a este tipo de contenidos violentos sea la menos estudiada se deba, entre otros aspectos, a limitaciones éticas y prácticas, y a una cierta ingenuidad por parte de quienes no quieren creer que niños y adolescentes acceden a la pornografía a edades tan tempranas. Los menores disponen de un acceso ilimitado a múltiples y variados contenidos pornográficos facilitados por el acceso a internet desde el dispositivo móvil.

Sabemos de sobra que enseñar a los menores a desarrollar habilidades críticas para evaluar y rechazar contenido inapropiado y educarlos sobre los riesgos y consecuencias del consumo de pornografía, reduciría considerablemente el consumo de pornografía, pero, ¿es viable para el patriarcado capitalista perder la dominación y el poder que otorga a los hombres sobre las mujeres, especialmente cuando estos contenidos pornográficos son una herramienta clave en su estrategia de control? y ¿dejar de enseñar a las mujeres su papel de sumisión y desmantelar estos roles estereotipados?

El primer acceso a contenidos pornográficos de los jóvenes españoles en internet se anticipa ya a la etapa infantil, con edades tan tempranas como los ocho años. Así lo demuestra la investigación titulada Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, presentada por la Universitat de les Illes Balears y la red Jóvenes e Inclusión en Madrid. Este estudio, coordinado por el pedagogo Lluís Ballester y la catedrática Carmen Orte del Grupo GIFES de la UIB recoge entrevistas a casi 2.500 jóvenes de entre 16 y 29 años, en su mayoría heterosexuales (76,7 %) de siete comunidades y trata de contrastar por primera vez las hipótesis sobre juventud y pornografía publicadas en los últimos diez años.

Los resultados del estudio constatan que la edad media de inicio en el consumo de pornografía son los 14 años entre los adolescentes hombres y los 16 en el caso de las mujeres. Sin embargo, al menos uno de cada cuatro varones se ha iniciado antes de los 13 y la edad más temprana se anticipa ya a los 8 años. Carmen Orte ha explicado que se debe «simplemente» a que «los menores tienen un móvil, en el que, aunque no busquen la pornografía, se la encuentran». La investigación verifica también que los hombres son los grandes consumidores de pornografía: el 87% dicen que la han visto alguna vez y casi un 30% se consideran un poco adictos o posiblemente adictos.

La pornografía sólo puede comprenderse desde la mercantilización del cuerpo de las mujeres que consiente y fomenta un sistema capitalista y patriarcal. El capital que circula a través de los contenidos pornográficos nos señala que la banca y empresas internacionales se lucran de la violencia sexual. Hay un interés por no prohibir la pornografía, igual que ocurre con la abolición de la prostitución, puesto que, en tal caso, perdería el capital. Siguiendo la lógica mercantilista de oferta y demanda, el consumo de pornografía está en aumento porque para la industria pornográfica la juventud se ha convertido en público objetivo, sumándose al consumo de adultos. La pornografía ha encontrado un terreno extremadamente fértil en los avances tecnológicos y en la situación actual. Es imperativo que los gobiernos e instituciones actúen de manera coordinada y urgente, actualmente la Comisión Europea tiene una legislación que impone reglas estrictas sobre la transparencia de algoritmos y publicidad, lucha contra la violencia y la desinformación en línea, protección de menores y cese de perfiles. Los infractores enfrentan multas de hasta el 6% de su facturación global. A las operadoras de pornografía se les exige una mayor protección de usuarios, especialmente menores, eliminación de contenidos ilegales y vídeos violentos, y una lucha constante contra la pornografía infantil.

En el vasto mundo del entretenimiento para adultos en línea, tres sitios web se destacan por encima del resto: Pornhub, Xvideos, XNXX, con más de 5.810 millones de visitas mensuales, 134.491 visitas por minuto, con un promedio de 18 minutos por usuario. Pornhub, XVideos y Stripchat  tienen más de 45 millones de usuarios mensuales en Europa.

Los estudios muestran que la pornografía constituye alrededor del 4% de todo el contenido en línea. No obstante, su impacto es considerable: el 35% de las descargas en Internet están relacionadas con la pornografía, y el 34% de los usuarios de Internet se topan con contenido pornográfico de manera accidental, a través de ventanas emergentes, anuncios o enlaces engañosos.

Estados Unidos alberga la mayoría de las páginas web de contenido para adultos, con aproximadamente 428 millones de páginas en 4,2 millones de sitios. California concentra el 66% de estos sitios en el país, mientras que Países Bajos alberga el 26% de todos los sitios web para adultos.

Ese consumo de violencia sexual se traduce ya materialmente en violaciones a niñas, jóvenes y mujeres. No sabemos hasta dónde alcanzarán las consecuencias de la normalización de la violencia sexual entre la juventud, cuyo cerebro ha sido programado para tolerar violencia extrema contra las mujeres. Como suele ocurrir, se programan talleres, actividades o libros para erradicar y prevenir el consumo de la pornografía, pero, ¿podrán lograrlo a sabiendas de a quién beneficia la violencia sexual?

A modo de apunte, proponemos algunas medidas urgentes para comenzar la lucha contra el consumo de pornografía y prevenir su adicción:

  • Educación afectivo-sexual integral, libre de estereotipos sexistas y basada en el consentimiento y el respeto mutuo.

  • Formación de familias y docentes para dotarlos de herramientas y despertar su mirada crítica hacia la pornografía.

  • Aportar información fidedigna y rigurosa sobre las empresas que se lucran del negocio de la industria pornográfica y la violencia sexual: cantidades económicas que manejan, condiciones laborales, etc.

  • Publicitar los peligros del consumo de la pornografía a través de campañas mediáticas y educativas, a modo de prevención, como ocurre con las drogas, el alcohol, juegos de apuestas, etc.

  • Denunciar toda forma de violencia sexual contra las mujeres en medios de comunicación, redes sociales, contenidos de Internet, etc., como ocurre cuando se publicitan juegos sexistas o contenidos misóginos.

  • Proponer un programa integral de carácter coeducativo en el sistema educativo público o sostenido con fondos públicos que fomente la igualdad entre hombres y mujeres de manera radical y no solamente como un apéndice del currículo.

  • Enseñar a los menores a desarrollar habilidades críticas para evaluar y rechazar contenido inapropiado y educarlos sobre los riesgos y consecuencias del consumo de pornografía.

La prohibición de la pornografía es una medida necesaria para proteger la integridad moral y psicológica de nuestra sociedad. La pornografía no solo degrada la dignidad humana, sino que también tiene efectos negativos profundos en la salud mental y emocional de las personas, especialmente en los jóvenes. La exposición a contenido pornográfico lleva a la desensibilización, la cosificación de las mujeres y la promoción de comportamientos violentos y abusivos.

La pornografía es una industria que explota principalmente a las mujeres y a las niñas, son víctimas de tráfico sexual, violaciones, maltrato, esclavitud… Prohibir la pornografía ayudaría a erradicar estas prácticas ilegales y deshumanizantes, protegiendo a las víctimas.

MATERIAL DE EXPLOTACIÓN SEXUAL INFANTIL (M.E.S.I.)

Según Prevensi, el Material de Explotación Sexual Infantil constituye el testimonio gráfico de actos de violencia sexual contra niñas, niños y/o adolescentes (NNA). Es extensible a otros materiales sexualizados que representan a NNA. Se desliga legalmente de la «pornografía» y por lo tanto es un delito.

El término “pornografía infantil” es incorrecto porque la pornografía se asocia a una industria y al material destinado a la obtención de estimulación y placer sexual.

¿Quién accede a M.E.S.I.?

  • De manera accidental como resultado de un proceso de descarga masiva de archivos o por infección de virus/hackeo.

  • El curioso, que accede a material prohibido por curiosidad o interés en traspasar los límites.

  • En implicación indiscriminada en una gran variedad de conductas sexuales online por motivación sexual.

  • El coleccionista, que acumula material como gratificación psicosexual, aceptación social y estatus en comunidades virtuales.

  • El productor, elabora y distribuye con fines económicos o estatus social.

  • El pederasta, obtiene gratificación a través del contacto online con NNA o como medio para acceder a víctimas en la vida real.

  • El adolescente, representa entre el 3%-15%. Puede ser puntual o reiterado.

El consumo continuado de M.E.S.I. fomenta su producción y es un factor de riesgo de violencia sexual.

Se estima que hasta un 5% de hombres jóvenes y adultos presentan pensamientos, deseos, fantasías y/o conductas de abuso sexual infantil. La experiencia internacional muestra que la intervención preventiva sobre las personas que potencialmente pueden cometer abusos sexuales es efectiva y evita la reincidencia.

Existen plataformas para denunciar anónimamente este material: Policía Nacional o Guardia Civil.

Es vital ofrecer tratamiento subvencionado y confidencial a personas que buscan ayuda terapéutica para controlar su deseo y preferencia sexual por los/las niños/as y/o adolescentes. Existen algunas experiencias focalizadas en realizar un abordaje directo sobre los potenciales abusadores, así como de apoyo a la comunidad,  tienen un impacto positivo sobre sus usuarios, traduciéndose en una reducción efectiva del riesgo de abuso sexual infantil gracias a la ayuda proporcionada por estos servicios.

Rechazar la normalización económica de la industria pornográfica y someterla a un control financiero reforzado

El Estado no debe tratar esta industria como una actividad económica legítima, ni beneficiarse de sus ingresos mediante la recaudación de impuestos, dada su vinculación estructural con la violencia sexual, la trata de personas y la violencia machista. Numerosas evidencias señalan que la producción y distribución de contenidos pornográficos frecuentemente opera en condiciones de explotación, coerción y desigualdad de poder, reproduciendo y normalizando dinámicas abusivas que afectan predominantemente a mujeres y personas vulnerables.

Por ello, el gobierno debe aplicar a este sector medidas de vigilancia financiera equivalentes a las establecidas para actividades ilícitas como el blanqueo de capitales, el narcotráfico o el financiamiento del terrorismo. Esto implica exigir trazabilidad completa de ingresos, transparencia en la estructura empresarial, control fiscal reforzado y auditorías periódicas. El dinero que fluye desde estas plataformas no puede considerarse legítimo ni compatible con una economía basada en el respeto a los derechos humanos.

Establecer mecanismos de trazabilidad financiera y control institucional

Implementar una política activa de seguimiento económico de las plataformas pornográficas, con especial atención a sus ingresos, estructura societaria y domiciliación fiscal. Esta medida se alinea con el Reglamento de Servicios Digitales de la Unión Europea (DSA, 2022), que ya obliga a las grandes plataformas a garantizar mayor transparencia algorítmica, eliminar contenidos ilegales y proteger a los menores. Extender estos principios al ámbito financiero es un paso necesario para desmantelar circuitos opacos que permiten la impunidad y la explotación en nombre del entretenimiento.

Regular el uso de dispositivos oficiales para garantizar la transparencia y la ética institucional

España debe desarrollar protocolos claros que prohíban el acceso a contenidos pornográficos desde dispositivos públicos: ordenadores, teléfonos y redes institucionales. Estos protocolos deben ir acompañados de mecanismos de control, auditoría técnica y sanciones administrativas proporcionales, como medida de ejemplaridad en el ejercicio de la función pública. El uso de recursos estatales debe sujetarse a principios de dignidad, responsabilidad y respeto a los derechos humanos, y no puede tolerar prácticas que normalicen la sexualización o la violencia machista.

Implementar un código de conducta ética para representantes públicos

Se debe establecer un código de conducta ética vinculante que sancione a quienes, en el ejercicio de sus cargos públicos, promuevan, justifiquen o trivialicen la violencia sexual, la pornografía infantil, el acoso, o cualquier forma de cosificación de las mujeres y personas vulnerables. Estas expresiones no pueden considerarse meras opiniones privadas, sino que contribuyen a normalizar la violencia machista y socavan los principios de igualdad, dignidad y respeto en la esfera pública.

El código deberá incluir medidas disciplinarias graduadas, proporcionales a la gravedad de los hechos, que puedan ir desde amonestaciones públicas hasta la suspensión temporal o la inhabilitación definitiva para el ejercicio de cargos públicos. Asimismo, deberá contar con mecanismos de denuncia, investigación imparcial y garantías de debido proceso.

De esta manera, se refuerza la responsabilidad ética de quienes ostentan funciones de representación y poder, y se envía un mensaje claro: ninguna autoridad puede utilizar su posición para difundir discursos que atenten contra la dignidad humana, reproduzcan estereotipos sexistas o perpetúen estructuras de dominación y violencia.

Pornografía y machismo: deslegitimar los relatos que erotizan el dominio y el abuso

El porno “sissy” promueve la “feminización forzada” y la humillación como fetiche. Este tipo de contenido centra su narrativa en la humillación, la sumisión y la transformación forzada en el sexo femenino, presentando estos elementos como parte de una dinámica de dominación sexual. Asocia lo femenino con debilidad, castigo y degradación, construyendo una representación profundamente misógina y abusiva.

El deseo de adoptar rasgos del sexo femenino es parte de una fantasía de degradación, en una distorsión peligrosa de la estimulación erótica. Este material induce o agrava la disforia de sexo.

Este fenómeno refuerza la necesidad de una regulación estricta de los contenidos pornográficos que normalizan la violencia, la humillación y la cosificación del sexo femenino. Contenidos pornográficos generan y aprovechan patologías sexuales como la autoginefilia para perpetuar dinámicas de poder misóginas y abusivas.

5 de abril de 2025.