Por PFE

LES JORNADES CATALANES DE LA DONA

A medio siglo de “Les I Jornades Catalanes de la Dona”, se nos quiere vender una versión edulcorada, casi heroica, de aquel encuentro como si hubiera sido un hito fundacional del feminismo en España. Sin embargo, basta con leer la crónica publicada en Vindicación Feminista -el artículo del Colectivo Feminista de Barcelona- para desmontar esa fábula liberal. Lejos de ser un espacio de debate abierto o de avance colectivo, las Jornadas fueron un escenario de disciplinamiento político: consignas impuestas desde los partidos de izquierda, silenciamiento sistemático de las voces radicales, hostilidad abierta contra quienes cuestionaban la subordinación de la lucha feminista a las agendas masculinas, y una clara instrumentalización de las mujeres como masa movilizable al servicio de proyectos ajenos. Hoy, bajo el barniz de la “celebración histórica”, se intenta hacer creer que la igualdad es posible dentro del mismo sistema capitalista y patriarcal que entonces -y ahora- reprime, fragmenta y neutraliza toda verdadera emancipación. La mentira no ha cambiado: solo se ha vuelto más elegante.

LES JORNADES CATALANES DE LA DONA

Del 26 al 30 de mayo de 1976 se reunieron de tres a cuatro mil personas en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, para celebrar Les Jornades Catalanes de la Dona, bajo el temario de Mujer y trabajo, Mujer y barrios, Mujer y familia, Mujer y educación, Mujer y medios de comunicación, Mujer y política, Mujer y legislación, Mujer rural, Mujer y sexualidad, y Feminismo.

Con mucha anticipación el Secretariado organizador había dispuesto tanto de las ponencias, previamente encargadas a diversas organizaciones de mujeres, como de las comunicaciones que se presentaban espontáneamente. Por esta diferencia nadie esperaba sorpresas de las ponencias, y todos aguardaban con expectación la lectura de las comunicaciones.

De lo que fueron las ponencias

Las ponencias no nos dijeron nada que Alejandra Kollontai no hubiera afirmado y escrito desde 1905, y en algunas ocasiones demostraron un evidente retroceso respecto a sus tesis en el tratamiento de los problemas de la mujer. Así, la ponencia de Mujer y Barrios afirma: «En muchas vocalías, un primer paso (en la incorporación de la mujer a las actividades ciudadanas) suele ser el tratamiento de temas relacionados con el hogar: cursillos de cocina, de alimentación, de corte y confección…»

Ni en la de Familia ni en la de Legislación se especifica la forma ni el trámite del divorcio que se pretende, y en aquella ni siquiera se menciona el aborto. La de Mujer rural hace un estudio mucho más detallado de las condiciones generales de las explotaciones campesinas y del trabajo en los talleres de los pueblos, que de la específica situación de la mujer, y como creen que el problema de la mujer es un problema político, ofrecen la solución de que se enmarque en la lucha por la consecución de las libertades políticas.

Mujer y medios de comunicación afirma que las pequeñas cuestiones tienen que llevarse a término simultáneamente con el objetivo final: terminar con la opresión del hombre por el hombre, aunque creíamos que se estaba tratando de la mujer… Y la de Mujer y sexualidad se preocupa mucho por la eyaculación precoz, la incapacidad de eyacular y la impotencia.

La de Política constituyó un razonado manifiesto del sufragismo y de las ventajas que podría obtener la mujer con el uso del voto, que dio la impresión de que nos encontrábamos en 1876. Y la de Feminismo sostiene la peregrina idea de que la mujer que no sienta con la misma fuerza las reivindicaciones obreras, las reivindicaciones nacionales como las suyas mismas como persona, no ejecuta más que una danza pintoresca que hace el juego de la derecha, sin que la autora nos aclare cómo es posible sentir con la misma fuerza reivindicaciones que no son propias, y en todo caso si se siente así, la de los negros por ejemplo.

De lo que se dijo en las comunicaciones

Las voces discrepantes de este mitin por las libertades democráticas -por terminar con la opresión del hombre por el hombre y por los cursillos de cocina, fueron las de ANCHE y del Colectivo Feminista de Barcelona. Pero las consignas dadas por los dirigentes de los partidos políticos, que impulsaban la celebración de Les Jornades, fueron eficaz y obedientemente cumplidas. Las mujeres, como una sola, aplaudieron lo que se les había ordenado aplaudir y boicotearon lo que se les había ordenado repudiar.

La agresividad, la hostilidad desatada por una mayoría de mujeres contra los Colectivos Feministas -las bestias negras de las Jornades- fue manifiesta como irracional. Así se pudo producir el fenómeno repetido de ser aullada y pateada la intervención de una componente de estos grupos, Isabel Monteagudo, al leer la comunicación de política, y aplaudida la de ANCHE, cuya diferencia en el planteamiento de la ideología y de la táctica era mínima. Caso aparte, sin sorpresa, el de los hombres que aun sin tener derecho a intervenir, silbaron, aullaron e incluso llegaron a escupir a Isabel Monteagudo, cuando algunas temerarias asistentes se atrevieron a exponer y defender ideas propias.

Sin embargo, se produjo un olvido en el reparto de consignas: las referentes al tema de sexualidad. Y así resultó que la comunicación del Colectivo Feminista fue aplaudida con entusiasmo por todas las mujeres y silbada por la mayoría de hombres. Habían previsto que el Colectivo defendiera que la mujer es la última clase oprimida, que la primera contradicción de la mujer es contra el hombre, que la lucha feminista debe ser independiente de los partidos masculinos, que es inoperante la doble militancia, pero cuando se trató de la explotación y opresión sexual de la mujer, no esperaban que se afirmara que el hombre se comportaba con la mujer en la cama como un fascista, y mucho menos que tal imagen fuera aplaudida por las interesadas.

De lo que pasó el día que se enarboló una bandera republicana

Y las consignas siguieron cumpliéndose cuando se colgó encima del estrado una bandera republicana. A pesar del aplauso unánime de la Asamblea, la mesa ordenó retirarla, lo que provocó una lucha encarnizada entre las por y las contra, y de nada importó el grito de «¡Todas o ninguna!» coreado por muchas asistentes.

Claro que en diversos momentos los altos dirigentes de los partidos más prestigiosos, y de las coaliciones de partidos, se dieron una vuelta por el Paraninfo para observar que todo se desarrollaba según sus deseos.

De los inquisidores

Así, aunque Lidia Falcón hizo un llamamiento a la racionalidad -y fue aplaudida- exigiendo rigor científico en el estudio de una ideología feminista no desarrollada por ninguno de los clásicos, sin trabas ni prejuicios, recordando que ya se habían quemado bastantes brujas, atormentado a Galileo y quemado a Miguel Servet, inmediatamente volvían a silbarse y aullarse las comunicaciones del Colectivo Feminista.

Bastaba que se empezara a pronunciar la palabra Colectivo para que los sectores entrenados de la sala iniciaran su ataque. Era absolutamente indiferente lo que dijeran. No era cuestión de escuchar ni de entender. Había que atacar porque así se había dado la consigna. Y de tal norma se produjeron incidentes grotescos como el de gritarle hija de papá a la que no había tenido padre y había sido mantenida y educada por su madre sin recursos económicos, fascista a la que había estado en la cárcel por sus actuaciones políticas contra el régimen franquista, burguesa a la obrera, hija y nieta de obreros.

Y el día de las conclusiones un grupo le gritó macho y ahora entendemos por qué luchan contra el hombre, tienen sus machos ahí dentro, a una compañera del Colectivo que tiene la voz gruesa. Lo que provocó que un sector de la Asamblea se levantara divertido para observar a aquel monstruo de la naturaleza.

Lo que no se ha dicho

Que, aparte de las discrepancias ideológicas, imposibles de discutir por la absoluta animadversión de los grupos que siguen esquemas sin profundizar, las conclusiones fueron aceptadas por todas las organizaciones, incluido el Colectivo Feminista, porque el programa reivindicativo inmediato de éste coincidía con el de los demás. Que algunos puntos fueron añadidos a sugerencia de aquél. Que en la propuesta última sobre la creación del Movimiento Feminista, el Colectivo se pronunció en contra, patrocinando la formación de una coordinadora con funciones exclusivamente ejecutivas, propuesta que fue apoyada por ANCHE y Ana Balletbó -aquél silbado y éstas dos aplaudidas-. Que en consecuencia se dividieron las opciones y, mientras unos grupos forman parte del citado Movimiento Feminista, otros mantienen exclusivamente una coordinadora a nivel operativo. Que en los pasillos las mujeres no alineadas se acercaban a las componentes del Colectivo, comprándoles el dossier de las comunicaciones y expresándoles su condolencia por el comportamiento seguido con ellas por las demás.

De la más profunda opresión

Porque la más profunda opresión que sufre la mujer en nuestro país, después de la económica, de la sexual, de la política, de la social y de la cultural, es la mental. Los hombres, y en especial los políticos y dirigentes, han conseguido destruir toda capacidad autónoma de pensamiento en sus mujeres: las propias y las que dependen de ellos. Un miembro de un partido obrero afirma sin rubor: yo envié a mi mujer a trabajar en la vocalía de mujeres. Los que tienen acceso a los medios de información no han dudado en hacerse eco de tergiversaciones y bulos, con valoraciones determinantes para las mujeres.

¿Y ellas? No piensan, no escuchan. No oyen palabras que quizá pueden ser importantes en la búsqueda del camino de su liberación. La opresión mental que sufren es tan grave que muchas no hubieran dudado en pasar a la agresión directa contra las feministas radicales, en cuanto se les hubiera dado la consigna, y si se les ordena, defenderán a gritos o a golpes los intereses de sus hombres.

LES JORNADES CATALANES DE LA DONA – Colectivo Feminista de Barcelona – Página 24 del pdf

Artículo publicado en la revista Nº1 Vindicación Feminista – 1 de julio de 1976