Por PFE

La amnesia de la España democrática

En el bellísimo paisaje de las rías gallegas, en el pueblo de A Guarda, a pocos kilómetros de Vigo, sus vecinos han creado una asociación de recuperación de la memoria histórica. En un altozano las tropas franquistas al ganar la guerra montaron un campo de concentración donde amontonaron a cientos de republicanos durante varios años. Y decenas de ellos fueron fusilados y enterrados en un cementerio unido al campo. Durante decenios, los que duró la dictadura, ni se dio cuenta pública del campo ni se abrieron las fosas que guardaban los restos de los asesinados ni mucho menos se investigaron las causas de las detenciones y las ejecuciones, ni se pretendió conocer y difundir en los medios de comunicación la existencia del campo, que se sumaba al de otros muchos que se construyeron y mantuvieron a lo largo y ancho de la península sin que ni los gobiernos ni los medios de comunicación dieran cuenta de ellos.

Tras la Guerra Civil (1936-1939), el régimen franquista estableció una red de cerca de 200 a 300 campos de concentración hasta 1947. Estos centros, con condiciones «atroces», fueron instrumentos de represión para confinar a excombatientes republicanos, disidentes políticos, familiares de ellos, homosexuales y personas indigentes, destacando lugares como AlbateraMiranda de Ebro y San Pedro de Cardeña. El de A Guarda no había sido tan mentado como estos otros. Yo no había tenido ninguna noticia de él, hasta la semana pasada en que asistí a las jornadas de conmemoración y memoria de las víctimas del franquismo.  

La finalidad de estos centros de detención y encarcelamiento, como en todos los países donde existieron era castigar a los republicanos vencidos, apartarlos de la sociedad y en muchos casos, utilizar la mano de obra forzada para reconstruir infraestructuras, como se hizo en toda la Europa dominada por el nazismo.

La sola visita al campo y al cementerio anejo, me causó una profunda emoción, a pesar de estar acompañada por los amables y solidarios organizadores de las jornadas, que desde que crearon la “Asociación para la recuperación de la memoria histórica del Campo de concentración de Camposancos y la fosa común de Sestás “ al amparo de la ley de Memoria Democrática, se dedican a recoger la información y recuperar la historia de tan siniestro lugar, que como muchos otros, sigue siendo ignorada por las nuevas  generaciones. Y falseada por los medios de comunicación de la derecha, distorsionando el conocimiento de la extensión de la represión durante la dictadura, la crueldad de sus métodos y la ocultación que de todo ello se hizo en ese periodo, pero que concluido no ha puesto los medios para investigarlos y difundirlos porque lo cierto es que los gobiernos de la España democrática no han estado, ni están, interesados en recuperar la memoria del terrible siglo XX en que nuestro país fue el primero de Europa atacado por el fascismo, y que se defendió bravamente de él, como no lo hicieron ninguna de las otras naciones europeas.

Los socios mantienen la entidad con sus propios y únicos medios, aunque el Ayuntamiento les facilite los locales donde celebran los actos. Y eso es todo, camaradas, que ni el Ministerio de la Memoria Democrática ni el gobierno de Galicia, ha considerado la concesión de medios económicos para llevar a cabo su labor. Ya se sabe que las subvenciones y otros premios se dan a los que tienen amigos en los gobiernos.

Los esforzados militantes de la asociación que dedican su tiempo y su trabajo en investigar y difundir los hechos que han marcado nuestro destino para muchos años, han realizado una labor encomiable por sus propios medios, que las instituciones han olvidado en toda España.

España al terminar la II Guerra Mundial es el único país de Europa que mantiene impunemente una dictadura fascista, reintroduce una monarquía que había sido abolida y no establece ningún tribunal para juzgar los crímenes cometidos por los  franquistas, ni siquiera una comisión para la investigación y difusión de la verdad, ni para la reparación e indemnización a las víctimas.

En toda Europa, desde Portugal a Rumania, y sobre todo en los países ocupados por el nazismo, desde Francia a Noruega, y especialmente  en Alemania, se investiga, se juzga y se condena a los políticos y los verdugos que causaron la masacre de la guerra y las dictaduras. Hasta en Latinoamérica se encarceló a Pinochet y a Videla, y los juicios donde se relataron sus crímenes se publicaron en todo el mundo.

España que padece la dictadura más larga de todas, que forma parte de Naciones Unidas cuando todavía no se había recuperado la democracia, al comenzar esta ni aún se inicia las funciones de una Comisión de la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas del holocausto -como lo denomina Paul Preston- que ocasionaron los franquistas durante el casi medio siglo de su imperio.

La labor de recuperación de la memoria histórica, cuya ley ha tardado decenios en aprobarse, la llevan a cabo esforzados militantes como los compañeros de A Guarda, que con sus propios medios, y sin la difusión que merecen, trabajan sin descanso por reconocer el sufrimiento y el heroico esfuerzo que hicieron las generaciones anteriores para lograr recuperar la España democrática, igualitaria y solidaria que había comenzado a construir la II República.

Me pregunto cuando la sociedad civil española exigirá a sus gobiernos que se restituya la verdad histórica, se enjuicien los criminales que nos torturaron medio siglo, y se imparta la justicia que tanto nos ha faltado. Para que no solo la asociación de A Grado pueda llevar a cabo su encomiable labor, con los medios necesarios, sino que en todo el país se creen entidades semejantes para que la verdadera historia de nuestro país sea conocida y reconocida. Y mostremos nuestro agradecimiento a las generaciones que nos han precedido en este resucitar del olvido.

Madrid, 26 de marzo 2026.

Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España

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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección