Por PFE

El fin del imperio

Se está difundiendo por politólogos, economistas, periodistas y medios de comunicación, con una seguridad incomprensible, que ha llegado el fin del imperio estadounidense. Con una argumentación ciertamente poco madura se compara el fin del imperio romano con el de EEUU, recordando también el de otros imperios. Se asegura que Norteamérica está sufriendo una crisis económica que no puede detener. La competencia de China le hace perder su puesto hegemónico en el mundo, ya que el dólar ha perdido su puesto  de moneda exclusiva en las transacciones mercantiles, arguyendo que China ahora exige pagar en yuanes. Se  toman las desafiantes y desnortadas decisiones y declaraciones de Trump que han creado un clima de enfrentamiento con los países europeos, y ahora se propone bombardear Irán, cómo el inicio de una conflagración bélica internacional que predicen perdería EEUU. Predicción sin fundamento ya que ni el conglomerado de paisitos que forman ese fracasado propósito de convertir la Unión Europea en una gran potencia económica que se enfrente a EEUU, mientras este amenaza con invadir y apoderarse de Groenlandia, tengan ni fuerzas ni propósito de enfrentarse militarmente a ello.

Eso sí, España anuncia, con la aceptación de la ministra de Defensa y el silencio cómplice de los aliados del gobierno, que en nuestro país se van a invertir 28.000 millones de euros en armamento, y que es preciso comprar a Israel  repuestos para el arsenal que tenemos de ese origen, que no se puede sustituir por el de otro proveedor. El papel obediente y sumiso de España debe satisfacer ahora al emperador del mundo, molesto a veces por las negativas de Sánchez a cumplir sus exigidas inversiones.

En las cifras actuales aparece EEUU como el primer país en producción de todos los sectores, y el mayor en consumo. El gasto de consumo representó el 68% de la economía estadounidense en 2022, mientras que su participación laboral en el ingreso fue del 44% en 2021. Estados Unidos tiene el mercado de consumo más grande del mundo. Es el mayor productor de petróleo como de todos los demás sectores. La economía de Estados Unidos es la más grande del mundo por su volumen de producción, el tamaño de su mercado interno, su poder de innovación y su papel como centro financiero global.

Resulta poco creíble que  EEUU vaya a ser desbancado económicamente por China ni por India, por más población que tengan, dado que el desarrollo tecnológico de sus sectores de producción dista mucho del norteamericano.

Las predicciones que se repiten en los análisis y comentarios de los expertos internacionales no parecen corresponder a la situación real. La última información de Venezuela dice que Delcy Rodríguez está de acuerdo con privatizar los pozos de petróleo, es decir, con regalárselos a las compañías estadounidenses, según exige Trump, lo que permitirá realizar las inversiones necesarias en la renovación de las instalaciones afectadas por la falta de materiales y modernización que padece el sector desde que el bloqueo norteamericano privó al gobierno venezolano de los repuestos necesarios. La decadencia del sector en Venezuela  se pone de relieve en el enorme descenso de la producción que lo afecta desde la muerte Chávez. El sabotaje y el bloqueo que utiliza el imperio contra los países que no siguen sus órdenes y sobre todo se atreven a implantar un sistema socialista de reparto de la riqueza. ha arruinado a Cuba, Nicaragua, Venezuela, e impide el avance de Vietnam, Angola,  Mozambique, El Congo, Guinea Bisau, alguno de los cuales sobreviven gracias a China y los demás países africanos que ganaron sus guerras anticolonistas por la imprescindible ayuda y sostenimiento de la URSS. Derrotada esta el imperio estadounidense se ha hecho con la propiedad del planeta.

Hoy mismo las portadas de los periódicos abren con la información de que Trump amenaza a Irán con una actuación igual a la de Venezuela. No he encontrado las respuestas de Irán ni de la Unión Europea. Y muy rápidas y muy contundentes han de ser o prontamente veremos al ayatolla actual Jamenei volando en un helicóptero camino de una prisión en EEUU. Y ya no está la  URSS para sostener otro Vietnam.

Por los acontecimientos actuales no creo que se pueda deducir el ocaso de la nación norteamericana en la política y la economía del mundo. Sobre todo cuando a los inesperados bombardeos de las bases militares de Venezuela, el secuestro de su presidente y su esposa y su encarcelamiento arbitrario en Nueva York, sin mediar orden internacional ni proceso judicial alguno, ni la nación bolivariana ni los países garantes de las normas democráticas en los gobiernos actuales desde el fin de la II Guerra Mundial, con la creación de la ONU y el Tribunal Internacional de Justicia, han movido una ceja, no digamos hayan emitido una condena contundente seguida de una movilización de tropas inmediata. 

Por el ritmo que llevan las respuestas de los dirigentes de la UE ante la amenazada invasión de Groenlandia, los continuos asesinatos de civiles en Minneápolis, y la imposición de aranceles como castigo a cualquier país que se muestre remiso a cumplir las órdenes del emperador, no es esperable ni la derrota ni la retirada de Trump de sus propósitos imperialistas.

De momento las compañías petroleras estadounidenses ya tienen el petróleo venezolano como hace un siglo, con el beneplácito del gobierno chavista, como siguen denominándolo los medios de comunicación.

Para ver el ocaso estadounidense habremos de esperar todavía mientras Irán prepara su ejército, no está ni se la teme la alianza de los países de Oriente Medio en apoyo a Irán, y  la UE sigue balbuceando no se sabe qué inconexas explicaciones y ni ha mencionado que la OTAN intervendrá, en cumplimiento de las normas de su tratado, cuando Trump decida ocupar Groenlandia. Mientras tanto, la Oil Petroleum Company vuelve a explotar el mar de petróleo sobre el que se asienta Venezuela.

Resulta dramático constatar que en todo caso las exigencias trumpianas han logrado que el gobierno de España, el más de izquierda de nuestra historia, que estaba renuente en cumplir las condiciones que exigía  el presidente estadounidense, de que la participación española en la OTAN alcanzara el 5% de nuestro PIB,   acepte ahora, de pronto, estimar en 28.000 millones de euros  el aumento del presupuesto militar que irá a engordar las arcas de las empresas de armamento norteamericanas.

Y más triste constatar que Venezuela vuelve a ser el patio trasero de EUUU como lo ha sido todos los siglos anteriores a la revolución chavista, mientras las organizaciones internacionales que habían cambiado el mundo después de la II Guerra Mundial permanecen mudas y paralíticas, aterradas las que se estimaban potencias europeas ante las amenazas trumpistas.

¿Son creíbles las predicciones sobre el ocaso del imperio estadounidense que con  tanta frivolidad repiten los politólogos  de varios países? ¡O solo corresponden al deseo de los dirigentes europeos de no verse seguir siendo lacayos  serviles de EEUU como lo han sido desde 1945?

Lidia Falcón Presidenta Partido Feminista de España

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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección