4 El currículum de la casta política democrática de España: José María Aznar, Mariano Rajoy y Rodrigo Rato
Cuando comienza la campaña electoral de Extremadura y los dirigentes del PP, seguros de su triunfo electoral, se ponen de acuerdo en cómo se organizará el gobierno, con la hipoteca de tener que apoyarse en VOX, al no esperar la mayoría absoluta, es bueno recordar las hazañas de José María Aznar y su equipo cuando finalmente llegó a ser presidente del gobierno, alentando por el ansia con que perseguía ese cargo.
El proceso de Lasa y Zabala, seguido del de los fondos reservados que servían para pagar a los asesinos a sueldo del Ministerio del Interior para perpetrar los atentados contra etarras en Francia, sirvió de excusa para que en las elecciones de 1996 Jordi Pujol apoyara a José María Aznar como presidente del gobierno. El secuestro de Segundo Marey por los sicarios del Ministerio del Interior, en diciembre de 1983, en Hendaya (Francia), marcó oficialmente el inicio de los crímenes de los GAL. Segundo Marey era un vendedor de seguros francés que fue confundido con un miembro de ETA y secuestrado por error. Fue liberado tras diez días de cautiverio. Varios altos cargos del Ministerio del Interior español fueron posteriormente condenados por este secuestro, incluyendo al ministro José Barrionuevo y al secretario de Estado Rafael Vera.
El Partido Popular había sido el partido más votado en 1996 pero no tenía mayoría absoluta para gobernar sin apoyos. Aznar y el Partido Popular ganaron las elecciones generales de 1996, pero al no alcanzar la mayoría absoluta, Aznar fue nombrado presidente del gobierno con el apoyo, previo pacto, de los partidos nacionalistas catalanes -CiU, con el Pacto del Majestic- vascos (EAJ-PNV) y canarios (CC).
Y ya quedaba claro que Jordi Pujol estaba dispuesto a ayudar a quien aceptara sus condiciones. Pujol y Aznar firmaron el Pacto del Majestic y Aznar aseguró en la televisión que él hablaba catalán en la intimidad y se refirió a ETA como el Movimiento de Liberación Vasco, dejándonos a algunos atónitos. Lo que nunca aclaró era con quien hablaba en catalán porque, que supiéramos, tanto su esposa como sus hijos son de lengua castellana y no teníamos idea de que tuviese otros parientes catalanes. Lo del Movimiento de Liberación Vasco le sirvió para que los partidos nacionalistas vascos también le apoyaran.
Durante su primera legislatura, entre 1996 y 2000, Rodrigo Rato, ministro de economía del gobierno de Aznar destacó por la liberalización y desregularización de la economía. Programa aplaudido por la patronal y las multinacionales, que llevó a la derecha a afirmar que este era el mejor ministro de economía que habíamos tenido. Al mismo tiempo, y en sintonía con la misma ideología realizó recortes en los gastos del Estado y privatizó diversas empresas estatales de sectores estratégicos, como las eléctricas, que desde entonces subieron las tarifas astronómicamente, lo que no impidió el súbito y general apagón en la península ibérica en 2022. Aznar cumplió puntualmentre con los criterios de convergencia fijados en Maastricht y se integró en el grupo de países que tendrían el euro como nueva moneda. Tanta convergencia y rotundidad en el cumplimiento de los mandatos de la Unión, le proporcionaron una catarata de elogios en los medios de comunicación de derecha y en las páginas de economía. Pero, lástima, el desempleo continuó siendo muy elevado. Los criterios de Maastricht no lo tenían en cuenta. No importa que España tenga la tasa de paro que dobla la media de la UE.
A pesar de la bendición a ETA que supuso llamarla Movimiento de Liberación Nacional vasco, Aznar se encontró súbitamente enfrentado a la banda terrorista. Tuvo que lidiar con el secuestro por parte de ETA de Miguel Ángel Blanco, y su consiguiente asesinato que emocionó a la sociedad española. Pero convencido desde su arrogancia de que él sería quien acabaría con los crímenes etarras, Aznar negoció con ETA entre 1998 y 1999 para intentar desmantelarla definitivamente, por eso la reconocía como el Movimiento de Liberación vasco, sin que tal declaración emocionara suficientemente a ETA para desmantelarse. Y eso sí, Aznar progresó en la integración de España en la estructura de la OTAN.
Y estos méritos le dieron la mayoría absoluta en las elecciones del año 2000. Mientras tanto Rajoy, ministro del Interior en este periodo se enfrentó al hundimiento del Prestige, que. El fluido que se descargaba por las roturas del barco, producidas por la orden que le impartió Rajoy de alejarse de la costa varios kilómetros cuando ya el petrolero se desangraba por los cuatro costados, y que el ministro describió como unos hilillos negros, ocasionó la contaminación más grave de las costas gallegas y francesas de toda la historia. Así mismo nadie del gobierno asumió el accidente del Yak-42, a pesar de las muchas víctimas que ocasionó y que reclamaron inútilmente indemnizaciones. Asimismo entre 2000 y 2004 el PP tuvo que hacer frente a una mayor movilización social en contra de algunas de sus políticas -como la educativa o el Plan Hidrológico Nacional que preveía el trasvase del Ebro hacia Valencia, Murcia y Almería. Aznar que deseaba frenéticamente ser considerado en el plano internacional, se puso disposición de Estados Unidos, especialmente después de iniciarse el gobierno de George W. Bush, apoyando decididamente la llamada «Guerra contra el terrorismo» y la invasión de Afganistán. Esta política de «reafirmación internacional» tuvo su reflejo también en el deterioro de las relaciones con Marruecos que llegaron a una tensión máxima en el verano de 2002 con motivo de la ocupación por gendarmes marroquíes del deshabitado islote de Perejil, cercano a Ceuta, y que España consideraba bajo su soberanía. Durante el año 2002 el gobierno de Aznar ante el desastre del Prestige, fue duramente criticado por su mala gestión, al tiempo que en España se convocaban manifestaciones masivas contra la invasión de Irak.
Veinte años sin rendir cuentas sobre la guerra de Irak.
El expresidente del Gobierno nunca ha asumido responsabilidades por aquella decisión política. «No me voy a disculpar», dijo hace menos de dos meses.
Han pasado veintidós años desde que el 21 de marzo de 2003 una coalición de países con Estados Unidos a la cabeza inició la invasión de Irak sin el respaldo explícito de la ONU. España, con la sociedad española en contra, entre ellos. Y han pasado otros doce desde que el Informe Chilcot -la investigación oficial e independiente que se llevó a cabo en Reino Unido entre 2003 y 2009 para analizar la intervención militar inglesa en la guerra-concluyó que «Blair y Aznar acordaron la necesidad de desarrollar una estrategia de comunicación que mostrara que ellos habían hecho todo lo posible para evitar la guerra«. Un argumentario que escondiese las ganas del expresidente del Gobierno del Partido Popular, José María Aznar, de ir a una guerra en la que se estima que murieron 185.000 civiles. Once soldados españoles perdieron la vida en Irak.
Así lo evidenció la citada investigación, donde el exasesor de Tony Blair explicó que «Aznar estaba muy convencido» y «muy a favor de continuar con ello». «Creo que los españoles habrían seguido» dijo entonces David Manning, excolaborador de Blair, sobre un hipotético escenario en el que Reino Unido hubiese decidido no ir a la guerra.
El Informe Chilcot fue demoledor contra el trío de las Azores –George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar- y probó la falta de pruebas sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, el argumento con el que se justificó la invasión. «Algunas veces los servicios de información dan buena información, y otras, no», defendería Aznar 18 años más tarde. La investigación inglesa demostró también, trece años después de la invasión, que Aznar, Blair y Bush acordaron el 16 de marzo de 2003 –en la reunión a tres bandas en las islas Azores que les granjeó el sobrenombre– no agotar la vía de la ONU e invadir el país de Sadam Huseín.
Pero la satisfacción que sintió Aznar cuando puso los pies en la mesa de Bush merecía el medio de millón de víctimas civiles iraquíes que ocasionó la invasión de Irak.
“España no participó”
Cabría esperar que al revelarse esa información el expresidente del Gobierno hubiese dado explicaciones a la misma sociedad española que en el 2003 salió en tromba a la calle gritando «No a la guerra», pero el PP se sumió en el silencio y no fue hasta 2018 -en el marco de una comisión de investigación en el Congreso sobre la financiación irregular del PP- cuando Aznar habló para decir que «España no participó» en la guerra. «España no mandó soldados a aquella guerra», sentenció. Mintió: alrededor de 2.600 soldados españoles fueron desplegados en Irak entre agosto de 2003 y mayo 2004.
Solo un día después de convertirse en presidente del Gobierno, el 18 de abril de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero anunció la retirada de las tropas españolas de Irak. En 2006, en una respuesta parlamentaria al entonces coordinador general de Izquierda Unida (IU), Gaspar Llamazares, el Ejecutivo le puso cifra al «coste económico final» de la invasión: 259,55 millones de euros.
«No me voy a disculpar»
A día de hoy, dos décadas después y con las consecuencias de la invasión de Irak en la memoria colectiva, Aznar sigue sin asumir responsabilidades por aquella decisión política. «No me voy a disculpar», dijo hace menos de dos meses en una entrevista en la que se mostró «completamente orgulloso» de haber hecho a España partícipe de la guerra, aseguró.
Hace dos años, en otra conversación con el diario El Español, Aznar explicó la importancia -en positivo- que, según él, ha tenido esa decisión: «Marcó la posición más importante de España en muchas décadas. Para servir a tu país y para que tu país sea más influyente tienes que, a veces, tomar decisiones con tus aliados».
El PP y sus sucesivos presidentes nunca han rendido cuentas sobre el papel de España en la guerra de Irak decidido por Aznar. Es más, han vetado que se haga una investigación como la que hizo Reino Unido. En el año 2016, tras la publicación del Informe Chilcot, ERC pidió una «comisión de evaluación» en el Congreso sobre la intervención española en el conflicto. No salió adelante porque PP y Ciudadanos votaron en contra. Los naranjas argumentaron que la «eventual responsabilidad» de Aznar «quedó dirimida» en las elecciones de 2004 que perdió el PP.
Aznar nunca ha pedido perdón -como sí hizo Blair- ni tampoco ha asumido el error -algo que ha hecho incluso Bush-. El PP tampoco reniega de aquella decisión política y precisamente en la misma semana en la que se cumplían veinte años de la foto en las Azores, Alberto Núñez Feijóo quiso recibir a Aznar en Génova para escenificar la buena sintonía entre ambos.
Rodrigo Rato en prisión
El insigne ministro de Economía del PP, en el gobierno de Aznar, acabó en prisión. Rodrigo Rato, exministro de Economía y exdirector del FMI, ha hecho muchas cosas, pero recientemente fue condenado a casi cinco años de cárcel por fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción entre particulares por ocultar patrimonio y facturar servicios personales a través de sociedades, y anteriormente fue condenado y encarcelado por el caso de las tarjetas Black de Caja Madrid, y juzgado, aunque absuelto, en la salida a bolsa de Bankia.
Después de estos brillantes éxitos del gobierno del Partido Popular, el proceso de la Gurtel acabó declarando al mismo partido culpable de corrupción y le dio a Pedro Sánchez la causa y la ocasión de presentar la moción de censura que lo ha sentado en la Moncloa va ya para ocho años.
Para que sirva de recordatorio en la campaña electoral de Extremadura. Y en la de Aragón, y en la de Valencia, y en la de Andalucía, y cuando toque en las elecciones generales. Para que no se olvide quiénes y como son los dirigentes del Partido Popular. Porque parece que la sociedad española tiene muy mala memoria.
Madrid, 18 de diciembre 2025.
Lidia Falcón – Presidenta del Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
