Cómprate un paraguas
El 1 de febrero pasado, en Orense un hombre asesinó a puñaladas a su mujer, cuyo cadáver encontraron en el domicilio,.
El número de mujeres asesinadas este 2026 serían ya seis y los feminicidios ascenderían a 1.348 desde 2003, cuando se empezaron a recopilar estos datos.
Hace apenas una semana, el pasado sábado, un hombre se entregó tras asesinar a su expareja, una madre de tres hijos de nacionalidad británica y 33 años, en Alhaurín el Grande (Málaga). Días después, el juez decretó prisión provisional para él.
En tres de los cinco feminicidios de 2026 constaban denuncias previas por violencia machista, el 60%. Tres víctimas eran españolas y dos extranjeras, mientras que cuatro agresores son de nacionalidad española.
En las investigaciones que llevan a cabo las feministas de la página web feminicido.net, el 30% de las asesinadas tenían orden de alejamiento.
El 31 de enero el Partido feminista de España celebró una mesa redonda sobre violencia contra la mujer. Las participantes, yo misma, Consuelo Abril, jurista de reconocido prestigio creadora de la asociación Plataforma de Malos Tratos contra la mujer, Paloma Marín, magistrada jubilada después de más cuarenta años de ejercer la profesión, Juana Aguilar Tenorio, miembra de la Comisión Política del Partido Feminista y Victory Izevbokun, Graduada en Ciencias Políticas y Filosofía UCM, en un acto de balance del año 2025 sobre la violencia contra la mujer, desgranamos las circunstancias y consecuencias que se producen en los casos de violencia y feminicidios de que son víctimas las mujeres en España.
Transcurridos veinte años desde la aprobación de la Ley Integral de Violencia de género de 2004, las cifras de las víctimas son escalofriantes, después de haber sido celebrada con honores la citada ley,como solución definitiva a semejante masacre
Un estudio de feministas en la Universidad de Barcelona concluye que una mujer víctima de violencia machista en España sólo tiene el 6% de posibilidades de ver a su maltratador en la cárcel.
Ni la ley, ni el tan celebrado sistema Viogen de protección de las víctimas, ni el consensuado por todos los partidos Pacto de Estado contra la Violencia de Género ha disminuido un ápice el número de mujeres que padecen la violencia machista en nuestro país.
Las mujeres son el sector social que suma más víctimas mortales, amén del maltrato habitual que nunca padecen los hombres. 2025 ha concluido con 95 asesinadas, además de una docena de niños. Si se contabilizaran estas cifras entre diputados, jueces, militares, médicos, abogados, ingenieros y otros sectores masculinos, el gobierno habría decretado estado de excepción y el ejército patrullaría por las calles, además de que a los amenazados se les pondría protección permanente.
A las mujeres no se las considera ciudadanas con los mismos derechos que a los hombres. El fenómeno de que sean ellas las que sumen estas cifras de víctimas y que sean aceptadas con naturalidad por una sociedad que se autocalifica de democrática, sin el escándalo que supondría en el caso de que fuesen hombres de determinados sectores sociales, indica que el Patriarcado que delimita los papeles y situaciones que corresponden a los hombres y a las mujeres, sigue en plena vigencia. Sin que se produzcan movimientos sociales que muestren su indignación con la contundencia que merece ni se aprueben medidas institucionales para erradicar esta masacre que se asume como los accidentes de tráfico, deplorables pero imposibles de erradicar.
Actuaciones institucionales
Hace veinte años, ante la presión el movimiento feminista y la evidencia de que no se habían aprobado medidas para erradicar la masacre de mujeres que seguía sufriendo nuestro país después de la dictadura, el Ministerio de Igualdad que se crea para sustituir el de Asuntos Sociales con competencia en los temas referentes a las mujeres, consigue el consenso de todos los partidos para aprobar la llamada Ley Integral de Violencia de Género, que pretende determinar, clasificar y punir las actuaciones violentas de los hombres contra la mujer relacionada sentimental con él. Las medidas que se aprueban en dicha legislación solamente son de aplicación a la esposa o pareja establecida. Las demás quedan excluidas de esa protección. Protección que no es tal, ya que desde el año 2004 que se aprobó se suman diariamente las víctimas mortales, además de las que sufren malos tratos habituales físicos y sexuales.
El escándalo que produce un nuevo asesinato machista se diluye rápidamente. El seguimiento de los casos conocidos nos informaría de los procesos judiciales que se archivan sin más trámite por la imposibilidad de localizar al denunciado, por falta de pruebas, por la huída del acusado. Nunca se explica cómo es posible que después de haber obtenido una orden judicial de alejamiento la víctima pueda ser asesinada. No existe protección real para la que es amenazada de muerte, y niguno de los actores judiciales y policiales que tienen la responsabilidad de proteger a la mujer son expedientados ni sancionados cuando esta cae bajo la violencia machista.
La acción del movimiento feminista
Tras este breve resumen de la situación de la mujer en España víctima de la persecución y el odio de un varón, que permanece impune a pesar de haber cometido innumerables delitos de violencia machista, que tantas veces acaban en la muerte, tenemos que plantearnos que podemos y debemos hacer desde el movimiento Feminista.
Las ordenadas y pacíficas manifestaciones que el 25 de noviembre -Día Internacional de No más Violencia contra la Mujer-protagonizan las feministas no parece que influyan ni mínimamente en la preocupación de gobernantes, jueces, legisladores, policías, para establecer medidas eficaces de protección de las sucesivas víctimas.
Es absolutamente inocua la tarea del MF que se supone el más preocupado e inquieto por este actuar genocida de los varones machistas que continúan actuando sin limitación alguna.
En el largo devenir de la lucha feminista, hemos conocido las actuaciones de nuestras antepasadas, que en peores condiciones de las actuales fueron capaces de organizarse para salir a la calle a protestar por la discriminación que sufrían, con una actitud mucho más agresiva contra los maltratadores, la policía, los jueces, los funcionarios de prisiones, que la que somos capaces de mostrar ahora. Las imágenes de las sufragistas inglesas enarbolando unos enormes paraguas con los que se dedicaban a romper los cristales de la tabernas donde se emborrachaban los maridos que las apaleaban por la noche, se han reproducido en dibujos, en películas, se han explicado en las crónicas de la época, han dejado un legado de iniciativa y de valor que enaltece la lucha feminista.
Parece pedir mucho que en esta época mansa y tranquila de un MF que nunca utiliza la violencia para exigir sus demandas, más preocupado por cumplir las normas gubernativas que por acabar con los asesinatos de mujeres, nos compremos un gran paraguas con la punta dura para mostrar nuestra disposición a defendernos de las agresiones con métodos menos amables de los que usamos en esta época tan democrática, en la que se entierra a las víctimas de los feminicidios sin que ni aún hayamos intentando responder a las agresiones con un paraguazo.
Algo influirán las hormonas en ese comportamiento tan resignado y amable de las mujeres, aún en situación de extremo peligro, cuando el Movimiento Feminista es el único movimiento que no ha segregado un grupo terrorista para exigir sus demandas.
En tal caso, no habrá esperanza para acabar con la opresión y matanza de mujeres. Estas, no tienen el empuje anímico preciso para comprarse un paraguas grande con el que romper los cristales de las tabernas y la cabeza de sus maltratadores.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
