La distopía de 2026
Cuando George Orwell escribió 1984, imaginaba un futuro espeluznante en que la dictadura comunista convertiría a los ciudadanos en esclavos de un gobierno tirano que los utilizaría para satisfacer sus ansias sádicas y dominar totalmente su vida. Pensaba en los avances técnicos que en 1949 cuando la escribió se adivinaban más que tener constancia de ellos, y como su nombre indica la situaba medio siglo más tarde. Lo que no imaginó es que los horrores que describía no nos situarían en un dictadura futura sino que nos retrotraerían a la pasada. Por primera vez la fantasía de una distopía no nos lleva a una época todavía no alcanzada sino que como en la máquina del tiempo nos ha hecho viajar rápidamente a principios del siglo XX.
La dictadura sangrienta que imagina Orwell ya la hemos vivido, y no solamente los españoles, ahí está el Museo de la Memoria Histórica de Chile, que acaban de inaugurar los reyes de España, y como en una pesadilla recordamos el angustioso pasado.
Aquel que mostró la crueldad de los fascismos y el continuo éxodo de pueblos que vaciaron el continente europeo incluyendo España, cuya memoria hoy no se quiere recordar. El exilio interior que sufrimos los opositores antifranquistas que no pudimos huir de la península, la pobreza generalizada para las clases trabajadoras, de la que las mujeres fuimos las primeras víctimas, y las prohibiciones y represiones que se aprobaron e implantaron para mantener su obediencia y cumplieran con su obligación reproductora y el índice de natalidad que precisaba el sistema económico y social después de la masacre que cometió el franquismo.
Cuando en este fausto año 2026 hemos recibido las instrucciones del Papa para la mejor gobernanza de nuestro país, el aborto vuelve a ser prohibido y execrada la eutanasia. La distopía que se cumple en este primer cuarto del siglo XXI es retroceder a la primera mitad del XX.
Los fastos y el entusiasmo con que los gobernantes y políticos, y las feministas también, han acogido el viaje apostólico de León XIV, me hacen preguntarme si no será cierto que la máquina del tiempo nos ha situado en un siglo atrás, que está siendo recibido como una buena nueva por aquellos políticos, gobernantes y dirigentes sociales que hace cien años se situaban a la vanguardia de las transformaciones que desde el XIX imaginaban las organizaciones de izquierda, y también las feministas, sintiéndose todos corresponsables imprescindibles de su implantación.
Nunca, desde Flora Tristán y Alejandra Kollontai, desde los mártires de Chicago y de Federica Montseny, con otros y otras heroínas entregados a la labor de transformación de un mundo egoísta y criminal en uno libertario y solidario, que tantos esfuerzos consumieron durante más de un siglo, hubiéramos adivinado el escenario con que nos han obsequiado el Presidente del gobierno y su esposa, las ministras y ministros socialistas, el President de la Generalitat de Catalunya, alcaldes y gobernantes autonómicos, y la élite de la intelectualidad y de la política española con sus genuflexiones y reverencias al representante del dios católico, sean ellos o no a su vez.
La distopía es cómo se vuelve a los esquemas represores de la dictadura y se aceptan con indiferencia o, peor aún, con satisfacción, los prejuicios y mitos ideológicos del fascismo, mientras se recibe y halaga aduladoramente al representante más cualificado de esa ideología por los dirigentes y pensadores que se han atrevido a autocalificarse de izquierda revolucionaria durante años.
Y cuando me atrevo a exigirles coherencia y responsabilidad se ofenden. Volvemos a los distópicos tiempos del Sindicato Vertical, de la Sección femenina de todos los partidos, de reverenciar la autoridad de la Iglesia católica que ha sido el verdugo de nuestro país durante cientos de años, y ha adoctrinado a nuestras niñas sobre todo en la sumisión y la obediencia al Patriarcado.
Veremos nuevamente las procesiones de niñas ataviadas de novias blancas dirigiéndose a la Iglesia para consumir la comunión, se aumentarán las vocaciones conventuales hoy bastante decaídas y los matrimonios religiosos. Y se repetirán las palabras del Papa, que nos señalan el camino que han de seguir los dirigentes sindicales y las feministas. Que no hay que despreciar la ratificación de León de la condena del aborto.
No observo una generalizada protesta de la sociedad civil por la mascarada que hemos soportado y pagado, los medios de comunicación hacen comentarios tan benévolos y comprensivos con este episodio que parecen sometidos a la censura franquista. Y yo vuelvo a preguntar, ¿qué dirán y harán las feministas a las que todavía no he oído? Y me atrevo a preguntarlo aunque parece que molesta porque siempre creí que era imprescindible ser coherente con lo que se defiende teóricamente y las acciones de la vida política y de la cotidiana.
Pero es indudable que yo estoy anticuada, por algo me crió una abuela anarquista, Regina de Lamo Jiménez, que dedicó la vida a difundir la unión de los trabajadores y de las mujeres para derrotar a los fascistas y capitalistas, enemigos en resumen del género humano.
Y anticuados estarían sin duda los y las que lucharon por evitar el triunfo del fascismo y construir un mundo comunista. Ya no hay utopías por las que luchar, nos hemos hundido en la distopía orwelliana, que contra todo pronóstico no se produce en el mundo futuro sino que nos retrotrae a los tiempos pasados, aquellos de las comuniones los primeros viernes de mes, la celebración del de María, las vocaciones sagradas, el matrimonio religioso indisoluble y la cárcel para las que se negaran a cumplir con su deber ineludible de reproducir la especie.
Y todo ello en medio de los fastos más onerosos de cualquier celebración, teniendo en cuenta que dicen que cuestan catorce millones de euros. Y ante la alegría y la celebración de nuestras más famosas políticas y feministas.
Si Orwell resucitara se desconcertaría y mi abuela rugiría la rabia, como hacían aquellos anticuados que defendieron la utopía comunista, con la ingenuidad de creer que en el siglo XXI se cumpliría.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
