El COI hace justicia a la mujer: el sexo no es una identidad
Ciencia, justicia y feminismo frente a la ideología woke
El Comité Olímpico Internacional (COI) ha dado un paso histórico: a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, solo podrán competir en la categoría femenina aquellas atletas cuyo ADN no contenga el gen SRY, marcador biológico del cromosoma Y. Esta medida -la primera en su tipo desde 1999- reconoce una verdad incómoda para ciertas ideologías, pero indiscutible para la ciencia: las ventajas derivadas del desarrollo sexual masculino son irreversibles y persisten incluso tras años de tratamiento hormonal.
La nueva Política de Protección de la Categoría Femenina en el Deporte Olímpico no es un capricho burocrático. Es la respuesta racional a décadas de evidencia acumulada.
La ciencia confirma lo que el Partido Feminista denuncia
Como señala el manual del Ministerio de Defensa español, «Conceptos y métodos para el entrenamiento físico»:
Por constitución ósea y neuromuscular, hay individuos que ya nacen con una positiva predisposición genética para el desarrollo de la fuerza. El sexo es determinante. La mujer está menos dotada para las acciones de fuerza que el hombre. Su menor masa muscular, la relación grasa-músculo, su estructura ósea y el más bajo grado hormonal específico hacen que las féminas entrenadas solo puedan alcanzar valores aproximados al 60-70 % del nivel de fuerza del varón entrenado en las mismas condiciones.
Esta brecha no se debe únicamente a la testosterona, sino a una constelación de factores fisiológicos: mayor densidad ósea, mayor capacidad pulmonar, mayor masa muscular, extremidades más largas, mayor hemoglobina y un corazón más grande.
Estas diferencias emergen con la pubertad y son permanentes. El exmaratonista Amby Burfoot lo explica con claridad: hasta los 11 años, niños y niñas comparten récords; a los 14, el récord masculino en 5 km es de 15:07 frente al femenino de 16:28. La brecha se amplía hasta el 10-12% en la edad adulta. Ni el entrenamiento más riguroso puede superar esta desventaja biológica estructural.
El Instituto Karolinska de Suecia lo ha confirmado en un estudio de 2019: tras 12 meses de terapia hormonal, las personas transgénero mantienen una ventaja absoluta sobre las atletas femeninas. Chris Schwirian, biólogo de la Universidad de Ohio, añade que en pruebas cortas, esa ventaja proviene de fibras musculares de contracción rápida; en pruebas largas, de una mayor capacidad aeróbica (VO₂ máx), menor grasa corporal y mayor volumen sanguíneo. Valerie Thibault, investigadora en rendimiento deportivo, concluye sin ambigüedades: “El rendimiento de las mujeres en alto nivel nunca será igual al de los hombres”.
La Tesis del Partido Feminista de España: La Ley Trans como herramienta de violencia hacia la Mujer
Como el PFE ya advirtió en su documento «Tesis sobre la Ley Trans y la ideología queer», la política de autodeterminación de género no es un avance progresista, sino una ofensiva reaccionaria contra los derechos conquistados por las mujeres como clase oprimida. Esta tesis sostiene que la ideología queer disuelve la realidad material del sexo biológico para reemplazarla por una subjetividad individual, vaciando de contenido político a la categoría «mujer». Al permitir que varones con identidad autopercibida femenina accedan a espacios exclusivos -como las cárceles, los vestuarios o, en este caso, las competiciones deportivas-, la Ley Trans consagra la supremacía de lo masculino bajo una aparente bandera de inclusión. La decisión del COI, al restaurar el criterio biológico, no hace sino reconocer lo que el PFE lleva décadas denunciando: que la opresión y la violencia hacia las mujeres se basa en el sexo, no en la identidad, y que cualquier política que ignore esta realidad es una forma de violencia institucional contra la mitad de la humanidad.
Casos reales: dopaje estructural bajo la bandera “arco iris”
Permitir que varones compitan en categorías femeninas no es “inclusión”, sino una forma de dopaje estructural. Casos como el de Lia Thomas -nadador mediocre en categoría masculina, campeón NCAA femenino en 2022- o Mary Gregory -que batió cuatro récords femeninos en halterofilia- ilustran cómo deportistas de segunda fila en categorías masculinas se convierten en imbatibles al cambiarse de categoría, arrebatando medallas, becas universitarias y futuros profesionales a mujeres.
En artes marciales mixtas, Fallon Fox fracturó el hueso orbital de su rival Tamikka Brents, quien declaró: “Nunca me he sentido tan dominada en mi vida”. En baloncesto, Gabrielle Ludwig, con 2 metros de estatura y experiencia militar masculina, compitió en ligas femeninas universitarias. En ciclismo, Verónica Ivy impuso récords “femeninos” inalcanzables para mujeres.
Sexualización mediática y estereotipación: el cuerpo femenino como espectáculo
Además de la discriminación económica y la penalización por la maternidad, las mujeres deportistas enfrentan una constante sexualización en la cobertura mediática, que reduce su valía atlética a su apariencia física. Mientras los hombres son retratados por su fuerza, estrategia o liderazgo, las mujeres son frecuentemente mostradas en ángulos que resaltan sus cuerpos, con foco en peinados, maquillaje, posturas o expresiones faciales, más que en su rendimiento técnico.
Esta mirada objetivante se extiende a la imposición de uniformes estereotipados: bikinis en voleibol playa, faldas ajustadas en tenis o gimnasia rítmica, mayot que enfatizan curvas y el cuerpo desnudo en lugar de funcionalidad. Estas prendas no responden a criterios técnicos ni de comodidad, sino a una tradición patriarcal que convierte el cuerpo femenino en espectáculo, minando su autoridad como atletas serias y profesionales.
Crítica feminista al modelo capitalista del deporte
Desde el Partido Feminista de España no defendemos el modelo capitalista del deporte competitivo, centrado en la superación obsesiva de marcas, la mercantilización del cuerpo y la lógica del récord como única medida de valor. Este modelo, profundamente patriarcal y neoliberal, convierte la actividad física -que debería ser un derecho universal para el bienestar físico, mental y colectivo- en una carrera sin fin por el rendimiento, el espectáculo y el beneficio económico.
Sin embargo, reconocemos que en el mundo tal como está estructurado, las mujeres participan en ese deporte de élite no por elección ideológica, sino como espacio conquistado con esfuerzo histórico. En él, sufren una doble opresión: son sistemáticamente menospreciadas en salarios, cuantías de premios, cobertura mediática y oportunidades; y penalizadas por su maternidad, tratada como un obstáculo en lugar de un derecho.
Por eso, mientras luchamos por un modelo alternativo -coeducativo, no competitivo, centrado en la salud y la autonomía corporal- exigimos que, dentro del sistema actual, se protejan sus derechos materiales, incluida la integridad de la categoría femenina. No se trata de reforzar el espectáculo capitalista, sino de impedir que, en nombre de una falsa “inclusión”, se elimine a las mujeres de los pocos espacios que han logrado arrancar al patriarcado.
El giro internacional: ciencia, seguridad y juego limpio
En marzo de 2025, la Federación Internacional de Atletismo anunció pruebas genéticas obligatorias mediante frotis bucal. Reem Alsalem, Relatora Especial de la ONU sobre violencia contra las mujeres, defendió en 2024 estas medidas como necesarias para proteger la integridad del deporte femenino. Incluso Estados Unidos emitió una Orden Ejecutiva en febrero de 2025 declarando que “la participación masculina en deportes femeninos es una cuestión de seguridad, justicia, dignidad y verdad”.
Los Juegos Olímpicos de París 2024 fueron un punto de inflexión: la presencia de Imane Khelif y Lin Yu-Ting -con cromosomas XY y sin haber pasado pruebas de elegibilidad- en el boxeo femenino provocó una crisis de legitimidad. Martina Navrátilová lo resumió: “No puedes proclamarte mujer y ser capaz de competir contra las mujeres. Debe haber algunos estándares, y tener un pene y competir como mujer no encajaría en ese estándar”.
El descubrimiento de los cromosomas sexuales por Nettie Stevens en 1905 no solo revolucionó la biología, sino que representó un golpe definitivo al androcentrismo científico que durante siglos había reducido la condición femenina a una mera “variante incompleta” del hombre o a un conjunto de rasgos emocionales, temperamentales o morales atribuidos arbitrariamente al “ser mujer”. Hasta entonces, la diferencia entre los sexos se explicaba desde prejuicios culturales: se creía que la debilidad, la pasividad o la irracionalidad eran cualidades inherentes a la feminidad, cuando en realidad respondían a una construcción social que negaba a las mujeres educación, autonomía y acceso al espacio público.
Permitió distinguir por primera vez entre sexo, como categoría biológica, y estereotipos sexistas, como sistema de roles sociales. Este avance fue fundamental para la mujer, que desde entonces pudo denunciar con rigor cómo el patriarcado instrumentaliza la biología para justificar la opresión, sin caer en la trampa de negar dicha biología. Hoy, cuando ciertas corrientes pretenden volver a convertir el sexo en una “identidad sentida”, ignorando su base material, eliminan no solo la ciencia, sino también la historia misma de la lucha de las mujeres por ser reconocidas como sujetos plenos, no como meras sombras del hombre.
Seis consecuencias inmediatas de permitir la participación masculina en el deporte femenino
La inclusión de varones en categorías femeninas tiene efectos devastadores:
Pérdida de podios y premios para mujeres, ya de por sí menos cuantiosos.
Mayor abandono del deporte femenino, por desaliento y usurpación.
Riesgo de lesiones graves en deportes de contacto.
Invasión de espacios íntimos: vestuarios, duchas y baños dejan de ser seguros.
Retroceso en derechos conquistados: el deporte femenino fue una lucha feminista.
Desaparición progresiva del deporte femenino como categoría legítima.
España legisla contra las mujeres: 17 comunidades autónomas en contradicción con el COI
En España, esta injusticia se ha institucionalizado. Diecisiete comunidades autónomas han aprobado leyes -copiadas casi textualmente unas de otras desde 2015- que obligan a admitir en categorías femeninas a cualquier persona que “se sienta mujer”, sin exigir prueba biológica alguna.
Desde Extremadura (Art. 30) hasta La Rioja (Art. 38), pasando por Madrid, Valencia, Andalucía, Aragón y Cataluña, la normativa autonómica prioriza la identidad subjetiva sobre la equidad material, generando un marco de discriminación legal contra las mujeres. Estas leyes prohíben explícitamente “controles de identidad sexual” y exigen que se considere a las personas “atendiendo a su identidad sentida a todos los efectos”.
Esta situación choca frontalmente con los nuevos estándares internacionales.
La mujer como clase frente al constructivismo de género. Desde el Partido Feminista de España, rechazamos la falacia de que defender la categoría femenina sea “transfobia”. Reconocer la realidad biológica no es odio; negarla es violencia contra las mujeres. Como escribió Lidia Falcón: “Las mujeres constituyen una clase social y económica, culturalmente distinta de las clases masculinas. Son, de hecho, la clase social más amplia y universal, con un lugar específico en el modo de producción doméstico, estructura históricamente determinada por la división sexual del trabajo”.
Exigencia urgente: derogar las leyes autonómicas discriminatorias
El COI, finalmente, ha escuchado a la ciencia, bajo el liderazgo de Kirsty Coventry, ha optado por la ciencia frente a la ideología. Ha reconocido que las ventajas derivadas del desarrollo sexual masculino -mayor masa muscular, densidad ósea, capacidad pulmonar, entre otras- persisten incluso tras la supresión hormonal, y que ignorarlas equivale a negar la justicia deportiva. Este giro no surge del vacío: es fruto de años de trabajo pedagógico, científico y activista.
Ahora España debe actuar. Exigimos la inmediata derogación de todas las normativas autonómicas que vulneran el principio de juego limpio y la igualdad real. El deporte no es un campo de experimentación ideológica.
Exigimos que la legislación deportiva española se alinee urgentemente con el estándar internacional establecido por el COI. No se trata de “excluir”, sino de proteger un derecho conquistado con esfuerzo: el derecho de las mujeres a competir en igualdad de condiciones.
Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
