Los países socialistas acosados
Desde el entierro de la URSS se ha multiplicado el acoso de los EEUU a los países socialistas. Ante la desesperada situación de Cuba, a la que Trump hunde en la miseria, prohibiendo todo comercio con ella a los demás países, el Presidente Díaz Canel ha dicho que está dispuesto a dialogar con Trump. Esta manifestación de rendimiento me angustia. Recuerdo la soberbia con la que Castro y el pueblo cubano gritaba ¡Patria o muerte! en los momentos en que Kennedy organizó la ridícula invasión de Bahía de Cochinos. Durante sesenta años todo el que ha visitado la isla recordará el orgullo que mostraban los cubanos en defensa de su heroica y exitosa revolución. Nunca Fidel ni el Ché plantearon conversaciones amables para llegar a algún acuerdo con el imperio del norte. Pero que nadie olvide que la URSS, triunfante de la II Guerra Mundial mantenía diariamente a Cuba y financiaba la guerra de Vietnam contra EEUU, los movimientos anticolonialistas de Angola, Mozambique, Guinea Bissau, y fue fundamental para el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, como también era el apoyo principal de los partidos comunistas europeos y de los movimientos sociales y sindicales de oriente y de occidente.
Recuerdo con el disgusto que sentí entonces los humillantes esfuerzos que hacía Santiago Carrillo bajo la dictadura franquista por establecer alianzas con la democracia cristiana que en España no tenía apenas soporte, convencido como estaba de que sería el relevo del franquismo cuando este desapareciera. Esfuerzos que nunca fructificaron porque el plan de la CIA para La Transición era otro. Este de que disfrutamos ahora. Y cómo los comunistas que hacíamos un análisis marxista de la situación española nos negábamos a seguir la estrategia del diálogo y la templanza con los franquistas que Carrillo había implantado desde el temprano año de 1956 con la consigna de la “reconciliación nacional”. De allí a la aceptación de la Constitución que nos rige y a las condiciones en que se nos aceptó entrar en la Unión Europea, nos han llevado a la situación económica que sufrimos y a la práctica desaparición del Partido Comunista. Del resultado de esta estrategia tenemos suficiente experiencia en el medio siglo que nos separa de la muerte de Franco.
Ciertamente es incomparable la situación geoestratégica y económica de España con la de Cuba y Venezuela. Y eran otros tiempos, sin duda, amparados como estábamos los comunistas por la existencia y la potencia de la URSS. La muerte y el entierro de esta es el desastre más grave que han sufrido todos los países que intentan construir el socialismo. El desamparo que padecen en este momento Venezuela, Cuba, Nicaragua, Siria y Palestina, y varios países africanos, los ha sumido en la destrucción, la pobreza y la amenaza de guerra que todos los días repite el emperador del mundo al que prestamos vasallaje el resto de las naciones, incluyendo a esta petulante Unión Europea, con el beneplácito de las democracias occidentales, que soportan con mansedumbre el desprecio y los insultos, incluso las amenazas, que les dirige diariamente Trump.
Únicamente Macron este mes de febrero ha instado a la Unión Europea a unirse y aumentar su autonomía en defensa y economía ante las tensiones con EE. UU. y China, destacando la necesidad de soberanía tecnológica, y rechazó el neocolonialismo que está suponiendo la conducta de Trump respecto a la Unión Europea.
No es todavía predecible qué consecuencias tendrá esta declaración ni si será seguida por el resto de las mansas y sometidas naciones europeas cuyos gobernantes procuran mantener las mejores relaciones con Trump, aterrados todos por la posibilidad de que EEUU invada Groenlandia y quien sabe si Dinamarca.
Pero la experiencia de los muchos conflictos que ha soportado el planeta este último siglo, podría habernos hecho aprender que la estrategia de la sumisión y la tolerancia con los tiranos y las dictaduras fascistas no nos ha dado ningún resultado positivo. No olvidemos el tratado que firmaron en Múnich con Hitler y Mussolini, Chamberlain del Reino Unido y Daladier de Francia para evitar la II Guerra Mundial y como se cumplió la profecía de Churchill, cuando regresaron a Londres, contentos de la misión cumplida: “Ustedes iban a perder el honor para evitar la guerra. Han perdido el honor y tendrán guerra”.
Es imposible predecir lo que sucederá en estos angustiosos y desconcertantes años, pero no me parece que tenga ningún resultado positivo que la presidenta interina de Venezuela se entreviste con el director de la CIA que va a visitarla a Caracas. No sé si abriga la ilusión de que firmen otro tratado semejante al de Múnich con el que alejen el peligro de que Trump vuelva a bombardear Caracas y esta vez se la lleve a ella secuestrada. Es público que Trump presume de que es él quien gobierna Venezuela.
Y mientras tanto las llamadas potencias occidentales democráticas observan desde sus cómodos refugios de Londres, Berlín, París y Madrid, como se humillan desde Caracas y La Habana los mandatarios que mantuvieron valerosamente su revolución y su independencia durante decenas de años, sin siquiera atreverse a hacer la crítica que esta semana Macron ha iniciado.
La pregunta fundamental de cuán provechosa será esta estrategia tímida y prudente de los países agrupados en la Unión Europea queda sin respuesta ante la espera interminable de la reacción de sus gobernantes. Y todavía falta conocer que harán los demás mandatarios latinoamericanos también amenazados por Trump como Gustavo Petro de Colombia, de quien el emperador del mundo dice públicamente que es detestable.
Si pudieron imaginar las desastrosas consecuencias de la derrota y disolución de la URSS los países socialistas debían haberla defendido como no lo hicieron.
Lidia Falcón – Presidenta Partido Feminista de España
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Lidia Falcón O’Neill es autora de numerosos artículos, que pueden consultarse en la siguiente dirección
