Informe político de la X Asamblea del Partido Feminista de España – Partido Feminista de España

LIDIA FALCÓN

Amigas, amigos, compañeras, compañeros, camaradas, bienvenidas y bienvenidos a esta X Asamblea del Partido Feminista de España.

Convocamos esta Asamblea en cumplimiento de lo acordado en el II Congreso del Partido el 24 y 25 de julio de 2015. En aquel momento, después de haber aprobado el informe económico y social, los estatutos del partido y haber elegido los cargos directivos nos enfrentamos a la ardua tarea de debatir las tesis ideológicas, que desde 1983, fecha del I Congreso, constituyen el corpus doctrinario de nuestro partido.

Como lo urgente en aquella fecha era decidir nuestro ingreso en Izquierda Unida y aprobar el programa electoral, y aquel día llevábamos casi doce horas de trabajo y las dudas habían planteado discusiones que se adivinaban largas, convinimos en posponer la aprobación de las modificaciones de nuestras tesis a una próxima asamblea. Esta que estamos celebrando en este momento.

La lectura y el debate de las enmiendas a las tesis que aprobamos en 1983, que presenta el comité de redacción,  ocuparán casi todo el  tiempo previsto para la duración de esta asamblea, pero no era posible dejar de hacer un análisis, aunque sea rápido, de los acontecimientos políticos que se han producido en nuestro país y en el contexto internacional en este año y medio transcurrido desde el Congreso. Así como una valoración de nuestra actividad en este periodo de tiempo.

LA IZQUIERDA EN ESPAÑA – EL SOCIALISMO INTERNACIONAL-

Quiero hacer un breve resumen de los acontecimientos que se han sucedido durante este año y que son trascendentales en el panorama de la izquierda española.

El drama que ha dividido al partido hegemónico de la izquierda, el PSOE, puede indicar un cambio de signo en la correlación de fuerzas entre la izquierda y la derecha.

El PSOE está sufriendo la debacle esperada, y organizada, desde hace años, por las fuerzas del capital.

Es imprescindible recordar que esta ofensiva comienza el 9 de noviembre de 1989 cuando se produce la demolición del Muro de Berlín. Ciertamente el Capital, con todos sus recursos: desde las guerras que organizó a los países que intentaron experiencias socialistas después de la II Guerra Mundial –Unión Soviética, Cuba, Corea, Palestina, Congo, Angola, Mozambique, Ghana, Guinea Bissau, Vietnam, Nicaragua, Indonesia, Afganistán-  a la Guerra Fría contra la URSS: desde el sabotaje interno a los bloqueos económicos, diplomáticos, culturales, deportivos, publicitarios, a la competición armamentística y espacial, llevaba 70 años intentando derrotar al socialismo.

Lo importante para el momento actual es poner de relieve que desde la derrota de la Unión Soviética la socialdemocracia no solo no gobierna en la mayoría de países, sino que está siendo batida en todos aquellos donde había sido hegemónica. Pero es preciso recordar que en la derrota, en el acoso y derribo del comunismo colaboraron muy activamente los Partidos Socialistas de todo el mundo, comenzando por la socialdemocracia alemana, que ilegalizó el Partido Comunista en la Alemania Federal en 1956 y que hubo de reconstituirse en 1968, ante la negativa del gobierno de legalizarlo.

En España el PSOE invirtió muchas de sus energías, hombres preparados, dinero, publicidad y hostigamiento de las bases comunistas a desprestigiar, ridiculizar y perseguir al Partido Comunista. Los errores que este cometió serían motivo de otro análisis. No se puede olvidar la consigna del ínclito Alfonso Guerra cuando afirmó que “a la izquierda del PSOE no había nada”, enviando a las tinieblas exteriores a los partidos comunistas de España. En esta ofensiva, el PSOE encontró como aliados fieles a la socialdemocracia alemana, al Departamento de Estado de EEUU, a la OTAN y al Mercado Común, a la Iglesia Católica y a Alianza Popular.

Lo que no entraba en los cálculos de la socialdemocracia internacional era que aquella guerra desatada por todas las fuerzas reaccionarias contra los comunistas seguiría contra ella. Cuando vencieron al mundo soviético creyeron que los triunfadores eran los partidos socialistas. Sin rivales en la gobernabilidad del mundo, la socialdemocracia se erigiría en la única opción política para los trabajadores y para las clases medias –esas que habían construido los fascismos aliados del capital- y a las que todos ahora adoran.

Pues bien, desmontado el muro de Berlín y destruida la Unión Soviética, la socialdemocracia comienza a perder la hegemonía que tenía en los países en que se había hecho indispensable. Suecia pasa del 45% del voto en 1985 al 30,7% en 2010, y hoy tiene que gobernar en minoría con la alianza de los verdes. En Finlandia, pretendido modelo para los españoles,  gobierna una coalición de centristas y el partido nacionalista antiemigración. En Dinamarca los xenófobos han conseguido que se organice una decidida ofensiva contra la emigración, en Noruega se ha hecho con el poder la derecha, en Alemania Ángela Merkel, imbatible, gobierna en coalición con los socialdemócratas que sirven de comparsas a la democraciacristiana. En Italia no solo el PCI se suicida, el partido de Betino Craxi se disuelve y su dirigente ha de huir a Túnez para no morir en la cárcel. En Grecia el PASOC, después de haber sido partido gobernante, hoy asoma la nariz en el Parlamento con seis diputados. En Francia, François Fillon que ha ganado las primarias de la derecha representa lo más atrasado y reaccionario de las fuerzas católicas. Pero ya en 2002 Lionel Jospin pierde la oportunidad de enfrentarse a Chirac porque el Frente Nacional le ha arrebatado el puesto y temblequeante está ahora el Partido socialista ante las próximas elecciones que posiblemente ganará Fillon.

En el Reino Unido el partido conservador de Cameron gobernó desde 2010 a 2016 -en 2015 obtuvo la mayoría absoluta- con el resultado de que este año 2016, los xenófobos ganaron el referéndum para salir de la Unión Europea, y ahora la líder conservadora Teresa May va a hacer realidad el Brexit, mientras el partido fascista crece en influencia.

A la vez que la corrupción asola los partidos socialdemócratas: Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela, acaba en la cárcel, y los Adecos, su partido, se convierten en irrelevantes. La transición a la democracia en Chile la pilota Ricardo Lagos, representante de la oligarquía y cuando Michelle Bachelet fue presidenta de Concertación de Partidos por la Democracia para las elecciones presidenciales de 2005, ya no quedaba nada del proyecto socialista. Ni cuando regresa Bachelet, como la esperanza de la izquierda diez años más tarde, se puede considerar que cumple un programa socialdemócrata, como dan testimonio las sublevaciones de los estudiantes y de los médicos, y las mujeres perseguidas por practicar abortos.

La ofensiva de las oligarquías en América Latina está triunfando: la defenestración de Dilma Russef, cuya caza ha sido sin piedad, ante la satisfacción de los grandes poderes económicos, que han recibido encantados a Temer. Bolivia, Ecuador y Perú, cuyo recién elegido presidente, al que llaman el yanqui, representante del capital estadounidense, están siendo cercados por las políticas del Pentágono. La lista de las víctimas de esta guerra haría larguísimo este análisis.

Esta situación se está reproduciendo en España. Desde la humillación sufrida por Rodríguez Zapatero, documentada en la carta que le envió la propia Merkel, en 2011, para que modificara el artículo 135 de la Constitución y pagáramos a los bancos antes que a los médicos, los profesores y los discapacitados, el PSOE estaba herido sin cura. Ninguno de los dirigentes del PSOE va a ser bien recibido.

Esta no es una crisis pasajera. Es final de los socialistas triunfadores. Pero eso significa también una herida más en la posibilidad de que se pudieran hacer efectivas unas políticas más progresistas para el pueblo español.

El PSOE no representa a la derecha que constituye el PP. No sólo porque se constituyó para defender a los trabajadores frente a la patronal,  aunque en el curso de un siglo haya claudicado en varias ocasiones de sus objetivos, sino porque se concitan dos cuestiones importantes:

1.- Que ha defendido, y defiende, legislaciones liberales en cuestión de conductas sociales, sobre todo en lo que se refiere a la mujer. Desde que adoptó la defensa del voto femenino, tardíamente desde luego, los temas fundamentales del feminismo están en la agenda del socialismo: el divorcio, el aborto, la lucha contra la violencia machista, la igualdad, la paridad, el matrimonio homosexual, aparte del mantenimiento de asociaciones civiles que reivindican la igualdad de salarios, la escuela pública, la sanidad universal, etc.

Ciertamente en la aplicación de tan nobles principios los dirigentes del PSOE se han mostrado enormemente tibios. Ni la igualdad de salarios se logró en los largos gobiernos socialistas ni la igualdad entre el hombre y la mujer ha llegado a ninguna institución ni estamento. La Ley de Violencia es ineficaz y la de aborto tenía que haber avanzado más, pero no cabe duda de que si por el PP fuera tendríamos a las mujeres apaleadas y violadas pidiendo perdón a sus maltratadores y violadores, mientras que sus propósitos respecto al aborto los vimos claramente en el proyecto de ley de Gallardón.

2.- Quizá lo más significativo es que todavía el PSOE convoca a cinco millones y medio de votantes. Por supuesto no sabemos lo que sucederá en las próximas elecciones, pero lo que necesita una reflexión es pensar quiénes son esos electores y electoras y por qué le conceden su voto.

Se está generalizando la afirmación de que el pueblo español es de derechas en función de que se asegura, falsamente, que el PP es mayoritario y que los que votan a Ciudadanos y al PSOE también son de derechas. Pero estos cálculos están equivocados.

El PP no es mayoritario en la sociedad española. Con ocho millones de votos, ha perdido cuatro desde el año 2011, y esos ocho entre los treinta y siete de votantes son meridianamente una minoría. Que la ley electoral le de una preeminencia en el Parlamento y en el Senado no significa que los españoles y las españolas le hayan votado mayoritariamente. Otro estudio para sociólogos es el de las regiones y sectores de producción donde son dominantes.

Los y las votantes del PSOE no lo escogen por ser de derechas. El PSOE sigue teniendo el curriculum de socialista, de haber sido perseguido durante la dictadura, de ser dominante en el sindicato UGT, de haber mantenido una cierta conmiseración con los pobres en las regiones más atrasadas donde ha gobernado siempre: Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha. Los asturianos que mantienen la fidelidad a ese partido desde los años 30 no lo votan porque piensen que es de derechas. El y la electora del PSOE lo escogen por oposición al PP, no para que haga la política de este. De ese modo se ha desencadenado el drama entre la dirección, sus militantes y votantes cuando los parlamentarios se abstenido y permitido el gobierno de Mariano Rajoy.

Por otro lado, Unidos Podemos se consideran claramente de izquierdas y reúnen otros cinco millones de votantes. Incluso los que se decantan por Ciudadanos lo hacen porque creen que es más liberal o progresista que el PP. Explicación que me han dado más de uno de sus seguidores.

Todos estos electores suman por tanto más de trece millones de votos frente a los ocho del PP. Y eso descontando las formaciones de extrema izquierda que ellas juntas restan bastantes miles de votos a las mayoritarias. Y es preciso contar con la abstención que se está acercando al 40%.

Es bueno que el principio de realidad se imponga en las filas de la izquierda. Toda. Y asuma el axioma de Mao de que lo peor es perder de vista quien es el enemigo principal. Que no es el PSOE. Con el que, necesariamente, mientras no cambien mucho las cosas, habrá que llegar a acuerdos como se hizo en el año 1936 o en la actualidad en las Comunidades donde gobierna junto a IU y Podemos.

No debemos caer en el mismo error que cometen los socialistas al considerar a los comunistas sus enemigos, que les ha llevado a perseguir sañudamente a todos los que se alineaban a su izquierda. La estupidez de Susana Díaz rompiendo el pacto con IU en Andalucía y convocando elecciones anticipadas la llevó a perder escaños. Y aunque se encuentra más cómoda en su alianza con Ciudadanos, ya que representa la derecha más cerril del PSOE, todo su partido está pagando esa ofensiva suicida contra el comunismo. Pero éste tampoco puede corresponder con la misma moneda a menos que se proponga autoinmolarse a su vez, como hizo Julio Anguita con su equivocada metáfora de las dos orillas que favoreció a Aznar. Los votantes, siempre tan pusilánimes en su mayoría, penalizan duramente a los que se pelean y se decantan por la derecha, tan seria y tan unida siempre.  Si no se reedita el pacto que unió al Frente Popular no tendremos mucho futuro.

Por ello no hay ninguna alegría en contemplar la batalla interna en ese partido ni congratularnos porque se destrocen. Porque como don Juan y doña Inés o nos salvaremos juntos o nos condenaremos a la vez. Y mientras eso no lo entiendan PSOE e IU y Podemos, tendremos que asistir al destrozo de la izquierda, que nos llevará muy previsiblemente a la situación italiana, de la que tanto hemos copiado.

PODEMOS – UNIDOS PODEMOS

La otra fuerza de izquierda nueva que se propone hoy en España es Podemos. En el poco tiempo que lleva en la esfera pública y en el que se ha presentado a elecciones, con resultados ciertamente espectaculares, hemos visto los cambios sorprendentes que ha llevado a cabo. De una formación que se presentaba asamblearia ha pasado a organizarse como un partido bastante tradicional, de un programa  casi revolucionario con el que se presentó a las europeas basculó hacia la socialdemocracia en las elecciones de junio 2016, para que en la actualidad el Secretario General y sus seguidores planteen una estrategia de confrontación con el sistema que a su vez se enfrenta con la que defiende el vicesecretario.

No tendrían demasiada importancia estas vacilaciones en una formación joven e inexperta en tareas políticas si no se dieran circunstancias singulares.

  1. Que sus dirigentes son profesores de ciencia política inspirados en un teórico argentino llamado Laclau, cuyos planteamientos pecan de poco inteligibles. En todo caso, como admitió Iglesias, tienden al peronismo, de cuya política, estrategia y resultados ya tenemos suficiente información.
  2. Que en varias ocasiones Iglesias se ha mostrado despreciativo y hasta hostil con el ideario comunista e incluso con sus militantes, aunque cuando observó la reacción disgustada de buena parte de la militancia, rectificó.
  3. Que el cambio de rumbo adquirido en los últimos meses por el secretario general hacia una estrategia de confrontación con el sistema, parece bastante evidente que es consecuencia de que las expectativas que abrigaron después de las elecciones del 20 de diciembre de aumentar el número de votos y con ello sobrepasar al PSOE, su primer rival, no se cumplieron. Por el contrario, la coalición electoral que crearon con Izquierda Unida perdió 1.200.000 votos, respecto a la suma de los obtenidos por ambas formaciones por separado.

Dejando aparte las causas de este fracaso, que ninguna de las dos formaciones ha analizado con veracidad, lo cierto en el momento actual es que la coalición Unidos Podemos tiene 5.000.000 de votos y 71 diputados en el Parlamento. Resultado que nunca una formación a la izquierda del PSOE había obtenido nunca. Pero un estudio más detallado del programa y de los propósitos que han hecho públicos provoca dudas respecto a su verdadera adscripción a una izquierda transformadora del país.

Su negativa a defender la República, a plantear la salida de España de la OTAN y acabar con las bases militares norteamericanas, a enfrentar la nulidad de los acuerdos con la Iglesia católica a fin de que realmente este sea un país laico, a plantear seriamente la auditoria de la deuda pública y de qué modo se va a asumir, cómo modificaremos nuestras relaciones con la Unión Europea, la imprescindible necesidad de nacionalizar la banca y  las empresas estratégicas y energéticas, sitúa a Podemos más cerca de la socialdemocracia que de la ruptura con el régimen de 1978.

Pero, a mayor abundamiento, y no en último lugar para nosotras, el feminismo de Podemos resulta débil y revisionista. No ha asumido la abolición de la prostitución, que es una línea violeta que no podemos traspasar, mostrándose, al contrario, los cargos dirigentes y parte de la militancia, proclives a aceptar la legalización de la misma. De la misma forma parecen asumir la legalización de los vientres de alquiler, una forma más de explotación del cuerpo de la mujer.

En definitiva, el programa electoral que se aceptó por parte de las dos formaciones, resume en un solo artículo todas las reivindicaciones que denominan de género, utilizando la terminología revisionista y antifeminista al uso. En ese punto se recogen únicamente la concesión de los permisos parentales, cuya descripción ocupa la mayor parte del redactado -y nos preguntamos qué tendencias feministas han sido dominantes en este acuerdo- mientras una sola línea plantea la modificación de la ley de violencia de género y la igualdad salarial.

La última declaración de Pablo Iglesias, antes de que se celebrara esta asamblea, que merece un comentario es la que vertió el martes pasado sobre feminizar la sociedad, adjudicando la tarea de cuidado a las mujeres, como la que realizan las madres. Es evidente que falta mucha pedagogía feminista en nuestros políticos. Porque nosotras no queremos feminizar la sociedad para que las mujeres sigamos siendo las cuidadoras y madres de todos. En todo caso, en la medida en que feminizar signifique crear una sociedad basada en la solidaridad y la igualdad entre hombres y mujeres, aceptaremos este calificativo, pero de ninguna manera lo atribuiremos en exclusiva a las tareas que realizan y deben realizar las mujeres, porque precisamente lo que queremos es que hombres y mujeres sean copartícipes de la construcción social. Y por tanto también queremos que las mujeres obtengan los puestos de decisión en la política, en la economía, en la cultura. Para transformar el mundo, como pedía Marx.

Atribuir a las mujeres las tareas de cuidado, en términos elogiosos, es lo que ha hecho el patriarcado durante toda la historia. Hoy la sociedad no ha de ser feminizada –en realidad demasiado lo está ya-  ha de ser feminista. Es decir revolucionaria. Y para lograr ello precisamos que las mujeres dirijan con los hombres las transformaciones precisas en todos los órdenes. De ninguna manera les vamos a atribuir en exclusiva las tareas de cuidado y beneficencia que Iglesias considera apropiadas para ellas.

FRENTE POPULAR

Uno de los problemas con que tiene  que enfrentarse Podemos es su relación con el PSOE, que a pesar de sus problemas internos y externos sigue siendo el partido mayoritario de la izquierda en el Parlamento y en la sociedad española.     Estamos convencidas, como la experiencia demuestra cotidianamente y en la misma forma ahora todas las formaciones políticas siguen la misma estrategia, que únicamente la unión de las organizaciones de izquierda puede darnos la fuerza suficiente para tener influencia en la política española. El resultado electoral de las últimas convocatorias ha demostrado que se han dividido, aún más, las opciones de izquierda, y eso fijándonos únicamente en los partidos parlamentarios, porque los extra parlamentarios somos unos cuantos. Lo que hace absolutamente inoperante el trabajo de multitud de partidos y grupos minúsculos, que actúan separadamente.

Nosotras abogamos por un Frente Popular, que, como en otros tiempos difíciles de nuestra historia, nos pudiera dar la victoria electoral. No vemos, sin embargo que esta necesidad sea aceptada por las fuerzas políticas de izquierda, muchas de las cuales están todavía inmersas en querellas internas y externas que sin duda las debilitan y que únicamente logran que la derecha se mantenga con fuerza.

Mientras en nuestro país no se entienda que debemos presentar al electorado una opción única de izquierda, seguirá esta atomización de partidos y de listas electorales que sin duda nos debilitan ante el pueblo. Pero eso sí, naturalmente, con una presencia del feminismo mucho más decidida y protagonista de lo que ha sido hasta ahora en la izquierda española.

ANÁLISIS DEL TRABAJO DEL PARTIDO FEMINISTA Y SU RELACIÓN CON IZQUIERDA UNIDA.

 El ingreso del Partido Feminista en Izquierda Unida ha supuesto un cambio notable en el trabajo que habíamos desarrollado en los últimos años. Nuestro partido había sido afectado por las transformaciones sociales y políticas que han sacudido las relaciones de clase en toda Europa, de la misma manera que al resto de la izquierda y del movimiento asociativo. El aparente bienestar económico de los años ochenta, “cuando España era el país donde resultaba más rápido hacerse rico” como declaró el ministro de Economía, Carlos Solchaga, que se prolonga hasta el 2007, con la crisis del 93 en medio, es un periodo de tiempo en que la construcción y el turismo elevan nuestro PIB y la renta media, y aparta a la mayoría de la militancia partidaria de izquierda del trabajo de agitación social, así como también a los movimientos sociales, entre los que resulta afectado el movimiento feminista.

A la vez, los gobiernos españoles, desde el triunfo del PSOE, desarrollaron eficaces estrategias para alienar a la mayoría de la población con la concesión de ayudas económicas, subvenciones, y participación –ficticia puesto que no tenían ninguna influencia- en las instituciones. Y después llegó la crisis.

No hace falta incidir en este análisis, de todas conocido. Han sido apartados del protagonismo social el movimiento sindical, el movimiento vecinal, el movimiento estudiantil, y, como no, el movimiento feminista. Nuestro partido, desde 1980 hasta 1999, se presentó a diversas confrontaciones electorales, que no obtuvieron éxito dada la ley electoral española, organizada para hacer imposible que las formaciones políticas pequeñas tengan representación institucional, como ya sabemos. Ante el desánimo generalizado nuestro partido decidió dejar de lado la presentación a elecciones y trabajó en las causas feministas que debían defenderse.

Hemos sido muy activas en denunciar la violencia machista, la prostitución, la pornografía,  los vientres de alquiler, las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Hemos participado en asambleas, manifestaciones, concentraciones, reuniones, con el conjunto del Movimiento feminista nacional e internacional.

En 2009 creamos la Tertulia Feminista del Ateneo de Madrid, transformada más tarde en Plataforma Feminista, en la que nos reuníamos cada lunes y desde la que celebramos conferencias, mesas redondas, charlas y debates y con la que realizamos una constante campaña de recogidas de firmas para modificar la Ley de Violencia de Género. Nos entrevistamos con los representantes de los partidos políticos del arco parlamentario, con el Secretario de Estado de Justicia y con el de Asuntos Sociales, con las Directoras del Observatorio de Violencia en Barcelona y en Madrid, con la  Delegada del Gobierno en Barcelona, y a todos ellos les llevamos el estudio que habíamos hecho sobre la necesidad de modificar la Ley.

Hasta que en diciembre de 2013 constituimos el Pacto Feminista que agrupó a 37 organizaciones feministas de toda España, con un manifiesto de 21 puntos que defendimos ante los partidos políticos y que se encuentra en el muro de Facebook. Las elecciones europeas de 2014 nos enfrentaron en España a un panorama político algo modificado. El Pacto Feminista elaboró entonces un programa de reivindicaciones inmediatas  que llevó nuevamente a todos los partidos políticos, y cuya acogida pareció positiva hasta que comprobamos, tanto en la campaña electoral, como después del resultado de las votaciones, cuando los partidos se distribuyeron los espacios en las instituciones, que excepto Izquierda Unida ninguno iba a cumplir nuestras demandas.

En consecuencia, en mayo de 2015,  nos propusimos que el Partido se uniera a la coalición Izquierda Unida, que aceptó nuestro programa, manteniendo su propia personalidad y actuación, como así consta en el documento de unión.

La primera experiencia, sin embargo, no fue todo lo positiva que esperábamos. Convocadas las elecciones generales para diciembre de 2015, la dirección federal de IU no aceptó incluirme en ningún puesto de la lista para el Congreso por Madrid, como parecía que habían aceptado en las conversaciones previas a nuestro ingreso. En consecuencia, las camaradas de Sevilla pactaron con el Comité Ejecutivo del Partido Comunista de esa Sevilla mi presentación por esa provincia. Pero contrariando lo acordado, el Partido Comunista, en contra incluso del criterio de muchos de sus militantes, dio consigna de voto a favor de otro candidato. Habíamos perdido la oportunidad de haber puesto una voz feminista en el Parlamento español.

En la segunda convocatoria de elecciones ni siquiera nos planteamos volver a insistir para lograr nuestra presencia en las listas, pretensión a todas luces imposible de alcanzar dado que IU había llegado a un pacto electoral con Podemos y el reparto de puestos estaba siendo motivo de enfrentamientos, discusiones y competición entre las dos formaciones. Lo que no impidió que participáramos en la campaña electoral de junio de 2016.

En consecuencia, decidimos centrarnos en el fortalecimiento y difusión de nuestro partido, base fundamental para poder tener la presencia social y política que pretendemos. Y la experiencia nos ha demostrado que vamos por el buen camino.

En este año y medio transcurrido desde el II Congreso, que casi podría considerarse de refundación del partido, hemos extendido nuestras organizaciones a ciudades y provincias donde antes no teníamos presencia. Además de Madrid, donde hemos ampliado mucho nuestra militancia y el número de simpatizantes, hemos creado grupos en Sevilla, Granada, Las Palmas, Tenerife, Barcelona, Orihuela, y tenemos activistas individuales en Pamplona  y Almería, con la posibilidad de incrementarlas en Castellón, Benicássim, Tarazona, Salamanca.

Para ello hemos impartido cursos de formación en feminismo y política que han sido acogidos con aceptación en todas partes y verdadero entusiasmo en algunas ciudades.

La última tarea que impulsamos ha sido la creación del Frente Feminista, que se pensó primero en el seno de la coalición electoral Unidos Podemos, y que ahora está abierto a todas y todos los participantes,  en el que se aprobó un manifiesto para la modificación de la Ley de Violencia, y se han recogido miles de firmas que presentaremos a los partidos políticos en el Parlamento el próximo 13 de diciembre a las 11 de la mañana. Os esperamos enfrente del Parlamento en una concentración en apoyo a nuestra demanda.

Pero después de la penosa experiencia de las elecciones de 2015 la valoración que hemos de hacer de nuestra participación en Izquierda Unida es positiva. La aceptación cordial y a veces entusiasta, que las compañeras de Izquierda Unida nos han mostrado, no solo es motivo de satisfacción y de mayor impulso a nuestras tareas sino que ha permitido que realizáramos encuentros, cursos, charlas y actos en numerosas ciudades, apoyándonos en la organización y logística de la coalición.

Por ello, creemos que esta relación es positiva y mientras exista Izquierda Unida así la mantendremos.

POSIBILIDADES DEL PARTIDO FEMINISTA DE ESPAÑA

El desafío se presenta ahora a las fuerzas de la izquierda, y tanto Podemos como Izquierda Unida tienen que definirse y encontrar su lugar, para que se amplíe su radio de acción y las personas que buscan precisamente una alternativa a la derecha reaccionaria y a la derecha liberal, se sientan representadas y defendidas por quienes luchamos por construir un país socialista y feminista. Ciertamente de las decisiones que tomen Izquierda y Unida y Podemos dependeremos en el Partido Feminista, habremos de saber escoger entonces nuestro camino.

Ahora, precisamente por la crisis que nos azota, tenemos la oportunidad de crecer y fortalecernos como Partido Feminista. Las dudas y controversias en que están inmersos otros partidos de la izquierda nos sitúa en un lugar en que podemos avanzar en atraernos a las personas más deseosas de encontrar una organización que se muestre firme y decidida en la defensa de los principios que han definido siempre a la izquierda.
Declarándonos marxistas y defendiendo un programa electoral republicano, antiimperialista y soberanista y laico, sabemos que tenemos un largo camino que recorrer pero en el que encontraremos muchas personas que están ansiosas de que exista una formación verdaderamente de izquierda y valiente en la defensa de sus principios, sin ocultarse por miedo a asustar a determinadas clases sociales, que siempre están más proclives a alinearse y votar a la derecha.

Si trabajamos con tenacidad y constancia, sin vacilaciones, vaguedades, miedos ni componendas con las fuerzas de la derecha, conseguiremos convertirnos en un partido con influencia en nuestra sociedad.

Un abrazo, camaradas.

Lidia Falcón O’Neill

Madrid, 29 de noviembre 2016.